El aire fresco del bosque le ardía en los pulmones, pero Aslin siguió caminando. Cada paso era una prueba de resistencia, un recordatorio de lo que había dejado atrás y de lo que aún le esperaba. Kael caminaba a su lado, atento a cada sonido, a cada sombra que pudiera delatar su presencia.
Carttal.
Ese nombre se grabó en su mente con la misma intensidad del miedo que aún la envolvía. Sabía que él la estaba buscando. Lo sentía en su interior como si su propia alma lo llamara.
—¿Quién más escapó de ese lugar? —preguntó Aslin, rompiendo el silencio.
Kael la miró de reojo antes de responder.
—No muchos. Y los que lo lograron… no vivieron lo suficiente para contarlo.
Su voz era dura, pero había algo más en ella: un peso, un dolor que Aslin reconoció de inmediato.
—¿Tú perdiste a alguien allí?
Kael no respondió de inmediato. Miró hacia adelante, como si el pasado estuviera frente a él en lugar del sendero.
—A mi hermana —dijo finalmente, con la voz tensa—. La usaron como experimento. Como a ti.
Aslin sintió un nudo en el estómago.
—Lo siento —susurró.
—No lo sientas. Sólo asegúrate de que no te pase lo mismo.
El silencio volvió a instalarse entre ellos, pero esta vez estaba cargado de entendimiento.
El sol ascendía lentamente, filtrándose entre las hojas y proyectando sombras en el suelo. El camino era irregular, con raíces sobresaliendo como trampas naturales. Aslin tropezó, pero Kael la sostuvo antes de que pudiera caer.
—Estamos cerca —dijo, señalando una formación rocosa a lo lejos—. El refugio está detrás de esas piedras.
Aslin asintió, obligándose a seguir. Sus piernas temblaban, y su vientre pesaba más con cada paso, pero no se detuvo. No podía.
Cuando llegaron, Kael apartó unas ramas y reveló una entrada oculta entre las rocas. Se inclinó y entró primero, asegurándose de que el lugar estuviera seguro antes de hacerle un gesto a Aslin para que lo siguiera.
El interior era más grande de lo que parecía desde afuera. Había un pequeño fuego apagado en un rincón, una mochila vieja y algunos suministros dispersos.
—Descansa —ordenó Kael—. No podemos quedarnos aquí mucho tiempo, pero al menos recuperarás fuerzas.
Aslin no discutió. Se dejó caer sobre una manta extendida en el suelo y cerró los ojos por un momento.
Pero su mente no se apagó.
Carttal.
¿Dónde estaba? ¿La estaría buscando?
Un movimiento dentro de su vientre la hizo inhalar bruscamente. Su bebé.
No sólo se trataba de ella.
—Kael —susurró, abriendo los ojos.
Él la miró desde el otro lado de la cueva.
—Necesito encontrar a Carttal.
Kael frunció el ceño.
—Si él sabe que estás viva, te buscará. Pero si los del laboratorio lo alcanzan primero…
—No lo harán —dijo Aslin con determinación—. Carttal no es fácil de atrapar.
Kael suspiró.
—Entonces, esperemos que tengas razón. Porque si nos encuentran antes de que estemos listos para pelear, no tendremos una segunda oportunidad.
Aslin apretó los labios.
La batalla aún no había terminado. Y esta vez, lucharía con todo lo que tenía.
***
Luego de pasar varios dias buscando a Aslin en cada ricon , en cada lugar que se le ocurria a Carttal que Aslin podia estar .
revisando una y otra vez los informes, pistas y cualquier dato que pudiera llevarlo hasta ella. Ethan entró con el ceño fruncido, arrojando un folder sobre el escritorio.
—Tenemos algo —dijo, su voz cargada de tensión.
Carttal abrió el folder de inmediato. Fotografías borrosas de un edificio abandonado, coordenadas y un informe detallado sobre un laboratorio oculto. Su corazón latió con fuerza.
—¿Estás seguro? —preguntó, levantando la mirada.
— Muy seguro —respondió Ethan.
Carttal no lo dudó.
—Vamos.
—Espera aun estás herido…
—No tenemos tiempo, Ethan. —Carttal lo fulminó con la mirada—. Ella está en manos de Sibil. No me importa si me desangro en el camino, pero la voy a encontrar.
Ethan exhaló con frustración, pero no discutió más.
—Tengo un auto listo.
La carretera se extendía frente a ellos como un túnel interminable de sombras. La lluvia golpeaba con fuerza el parabrisas mientras Ethan conducía a toda velocidad. Carttal, en el asiento del copiloto, mantenía una mano presionando su herida y la otra aferrada a su arma.
—Llegamos en diez minutos —informó Ethan.
Carttal asintió, con la mirada fija en la oscuridad.
"Aslin, resiste."
El auto derrapó ligeramente al tomar una curva cerrada, pero Ethan mantuvo el control. La zona industrial apareció a la distancia: un conjunto de bodegas abandonadas, oxidadas por el tiempo y cubiertas de grafitis. Carttal apretó la mandíbula.
—No apagues el motor. No sabemos lo que nos espera.
Ethan asintió y detuvo el auto con las luces apagadas.
Carttal bajó con cautela, ignorando el ardor en su costado. Desenfundó su pistola y avanzó entre las sombras, con Ethan cubriéndolo desde atrás.
El silencio de la noche solo se rompía por el sonido de la lluvia golpeando el metal de los techos. Carttal se movió entre las estructuras con pasos calculados, su mirada recorriendo cada rincón.
Entonces, vio algo.

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