Aslin apenas podía procesar la información que Carttal le estaba dando.
La duda de inmediato se reflejó en sus ojos, deseando saber más, algo que no pasó desapercibido por Carttal.
—Hay algo que no te he contado del todo, Aslin, acerca de ese tema —dijo Carttal de repente, con la mirada perdida mientras se dirigía al mini bar y se servía una copa de vino.
Aslin frunció el ceño, sorprendida por el tono de su esposo. Era raro verlo tan pensativo, como si estuviera reuniendo el valor para decir algo importante.
Carttal suspiró, dejó la copa sobre la mesa y se pasó una mano por el cabello.
—Te contaré todo… sobre Roberto, Sibil y toda nuestra historia en sí.
Aslin sintió un ligero escalofrío. Roberto siempre había sido su mejor amigo de la infancia, aunque con los años la relación entre ellos se había enfriado. Ella lo conocía, pero nunca había sospechado que pudiera estar relacionado con la historia del fallido matrimonio de Carttal.
—Sí, Carttal, cuéntame —le dijo dulcemente mientras tomaba su palma con cautela.
Carttal respiró hondo antes de soltar la verdad.
—Fue con él con quien Sibil huyó… después de nuestra boda. El hombre del que se enamoró perdidamente —repitió.
Aslin, al escuchar aquella declaración, parpadeó, incapaz de procesar de inmediato lo que acababa de escuchar. Durante todos estos meses, Carttal había hablado poco de su matrimonio fallido, limitándose a decir que Sibil lo había dejado. Nunca había mencionado a Roberto.
—¿Roberto…? —susurró, como si al decir su nombre en voz alta la verdad se volviera más real.
Carttal asintió con un gesto sombrío.
—Sí. Él era mi mejor amigo. Cuando empezó a montar su propio negocio, compartimos todo. Jamás habría imaginado que me haría algo así.
Aslin sintió una extraña sensación en el pecho. No solo por la historia en sí, sino porque Roberto seguía siendo parte de su vida. No de manera activa, pero cada tanto venía a su mente algún recuerdo de su infancia con él.
—¿Por qué nunca me lo dijiste? —preguntó, tratando de mantener la calma.
Carttal bajó la mirada.
—No lo sé. Supongo que quería enterrarlo. Al principio era por vergüenza. Luego, con el tiempo, se volvió irrelevante. Ya no estaba con ella, me enamoré de ti, y hablar de eso solo habría traído un dolor innecesario.
Aslin comprendía su punto, pero la sensación de haber estado viviendo en la ignorancia la inquietaba.
—¿Cómo pasó? —quiso saber.
Carttal dejó escapar una risa amarga.
—Nos casamos en una ceremonia íntima, solo con nuestras familias y amigos cercanos. Todo parecía perfecto. Pero esa misma noche… desapareció. Me desperté y no estaba a mi lado. Al principio pensé que había bajado a tomar aire o que estaba nerviosa, pero nunca volvió.

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La novia Rechazada