El sol brillaba alto en el cielo cuando Aslin se estiró en el sofá, observando a los tres pequeños durmiendo en sus cunas. La mansión estaba en completo silencio, un raro milagro cuando se tenía tres bebés en casa.
—¿Qué te parece si damos un paseo? —propuso Carttal, inclinándose sobre ella y dejando un beso en su mejilla.
Aslin entrecerró los ojos con sospecha.
—¿Un paseo? ¿Con tres bebés?
—Sí. Hemos estado encerrados aquí demasiado tiempo. El aire fresco nos vendrá bien.
La idea sonaba maravillosa en teoría. En la práctica… bueno, Aslin tenía sus dudas.
—Está bien —aceptó—, pero si algo sale mal, voy a decir: “Te lo dije” al menos diez veces.
Carttal rodó los ojos y sonrió.
—Acepto el riesgo.
Prepararse para salir resultó ser más difícil de lo que pensaban. Primero, tuvieron que asegurarse de llevar todo lo necesario: pañales, biberones, cobijas, toallitas húmedas, juguetes… Y cuando creyeron que tenían todo listo, Isabella decidió que era el momento perfecto para ensuciar su pañal.
—Bien, solo tenemos que cambiar a uno, no es tan grave —dijo Aslin con calma.
Pero justo cuando terminó con Isabella, Liam comenzó a llorar.
—¿Qué le pasa? —preguntó Carttal, revisándolo como si fuera una bomba a punto de explotar.
—Probablemente tenga hambre —respondió Aslin mientras revisaba la bolsa del bebé.
Cinco minutos después, con Liam alimentado y cambiados todos los pañales, Aslin suspiró, sintiéndose agotada antes de siquiera salir.
—Listo. Ahora sí, vámonos.
Carttal tomó la manija del cochecito triple, una monstruosidad de estructura que parecía más un pequeño tren que un simple carrito de bebé. Apenas lograron sacarlo por la puerta sin chocar con los muebles.
—¿De quién fue la brillante idea de hacer un cochecito tan grande? —bromeó Aslin mientras intentaban maniobrar por el pasillo.
—Debe haber sido diseñado por alguien con muy poco espacio en casa —respondió Carttal con una sonrisa.
Cuando finalmente salieron al exterior, Aslin inhaló profundamente el aire fresco. Era un alivio estar fuera después de tantos días encerrados.
—Mira eso —dijo Carttal, señalando a los bebés.
Los tres estaban despiertos, parpadeando con curiosidad ante la luz del sol y los sonidos del viento moviendo las hojas de los árboles.
Isabella agitó sus manitas emocionada, mientras Liam y Noah solo observaban con expresión seria.
—Es su primera vez viendo el cielo —susurró Aslin con ternura.
Carttal se inclinó hacia ellos.

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