Marina se sintió desconcertada ante las palabras que su esposo le había lanzado, más después de aquel beso.
—¡No hagas bromas de este tipo, cariño!
—Marina, te estoy siendo completamente honesto, ya no puedo más… —espetó Esteban, tratando de hacerla ver que se trataba de la verdad. —¡Quiero el divorcio! ¡Ya no puedo más!
Marina se acercó a donde estaba la champaña, lo miró sonriente y dijo:
—¡Mira! Tengo Armand de Brignac enfriándose, es tu favorito… ¡Anda, mi vida, ven! Ayúdame a abrirlo; ya sabes que no soy muy buena con estas cosas.
—Marina…respondió Esteban con seriedad. —Yo lamento hacer esto… De verdad, lo he intentado, he hecho todo lo posible por que esto funcione en todos estos años, pero no puedo seguir engañándome, Marina, no te amo; es más, no sé si algún día lo hice.
El rostro de Marina se descompuso; pasó de tener una bella sonrisa dibujada a una cara llena de incredulidad.
—¿Qué estás diciendo?
—¡Lo siento, Marina! Yo no quería hacer esto y menos hoy, pero… pero… -dijo Esteban tratando de encontrar las palabras correctas.
—Pero… ¿QUÉÉ? ¿QUÉ DEMONIOS? ¿QUÉEE? —gritó Marina dándose cuenta de que Esteban no estaba jugando.
—¡Marina! Por favor, no te pongas así… —dijo Esteban, viendo cómo su esposa cambiaba drásticamente.
—¿ASÍ CÓMO? ¡MALD1TA SEA! ¡DIMEEE! ¿ASÍ COMO? —gritó Marina al escuchar que Esteban intentaba calmar la situación. —¿QUÉ HICE MAL? ¿POR QUÉ HACÉS ESTO?
Los ojos de Marina se llenaron de lágrimas y su voz poco a poco se había ido quebrando al sentir un terrible nudo en la garganta formándose.
—¡Marina! Creía que podíamos hablarlo con más tranquilidad, pero veo que no estás lista para ello.
—¿Tranquilidad?—gritó Marina sosteniendo por el cuello la botella de champaña.
Esteban no necesitaba ser muy listo para darse cuenta de que, si no salía de ahí, las cosas podrían complicarse aún más y sus planes se vendrían abajo.


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