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La mujer que nunca fui romance Capítulo 7

Marina salió del edificio del Grupo Montemayor sintiendo una fuerte opresión.

En ese momento, ni todo el ruido de la ciudad podía callar el ruido que llevaba en su interior; masajeaba con fuerza su pecho, tratando malamente de calmar sus ganas de llorar.

Al sentir un intenso mareo, decidió tomar asiento en una de las tantas banquitas que estaban a su paso.

Luego de un rato, una pareja de jóvenes captó su atención; la observó mientras jugueteaban y sonreían en complicidad. Aquella escena la hizo recordar cómo había sido su corto noviazgo con Esteban, luego de que este llegara a su casa y le propusiera matrimonio.

---9 Años atrás ---

Marina se sentía diminuta en aquella elegante camioneta que jamás en su vida había visto. Aún le costaba creer que Esteban Montemayor, su amor platónico desde los 7 años, estuviera ahí y, más aún, que fuera su novio.

Discretamente, se pellizcaba la pierna para recordarse que no se trataba de uno de sus fantasiosos sueños. Esto era real, tan real como que Esteban había llegado a su casa a la hora pactada, le había llevado un precioso ramo de flores al tiempo en que le había abrazado y plantado un beso en la mejilla.

Ella, como reacción, se puso roja como tomate, sus orejas se le calentaron y ni qué decir de sus manos, las cuales sudaban y temblaban. Aquel mismo nerviosismo le hacía quedarse callada en ese momento, pues no sabía qué decir o hacer frente a él.

Con los ojos brillando de ilusión y una bella sonrisa dibujada en su rostro, de vez en vez, volteaba a verle.

Esteban olía exquisitamente bien, lucía muy atractivo con esa camisa azul claro y esos jeans oscuros; además de que se sentía atraída por la seguridad que mostraba al conducir con una mano.

Para Marina, Esteban siempre le había resultado atractivo, incluso antes de que fuese un adulto. No le cabía duda de que, con cada año que pasaba, su atractivo solo iba en aumento.

Esteban, al sentir la mirada de la jovencita, volteaba, dibujaba una cálida sonrisa y casi de inmediato, regresaba su mirada al camino.

Marina quería mostrarse cariñosa con él, pero no sabía cómo serlo; se sentía tont@ e inexperta. Aquí, era donde lamentaba no haber salido con alguien más en el pasado, pues seguro sabría qué hacer en un momento así.

Al principio pensó que, el que se llevasen 7 años de diferencia no le parecía nada, pero ahora que lo veía, claramente era un mundo.

—¿Te debo parecer muy aburrida? ¿verdad? —expresó Marina finalmente, animándose a hablar.

—¿Por qué dices eso? —preguntó Esteban al escuchar aquella pregunta.

—No tengo nada que contarte, me la he pasado callada todo el camino...

—Bueno, a mí me agrada el silencio, pensé que también te agradaba, pero, si no es así, dime, ¿de qué te gustaría platicar?

—Hmm… ¡No lo sé! Por eso digo que debo parecerte muy aburrida… —dijo Marina mirando hacia la ventana, mientras se enterraba las uñas en una de sus piernas.

Esteban pensó que, de cierto modo, no estaba poniendo de su parte.

—Bueno, pues porque no me hablas sobre lo que te gusta hacer, tu música favorita, no lo sé, cosas que se supone querrías que deba conocer. Al final, este mes, tal como nuestras familias lo acordaron, será para conocernos y decidir si realmente te quieres casar conmigo. —dijo Esteban recordando la comida familiar en donde don Rigoberto había sugerido aquello.

Para Don Rigoberto, su hija, a pesar de ser mayor de edad, era su niña, la misma a la que jamás le había conocido algún novio. ¿Cómo podría aceptar casarse con un desconocido?

Pero, al ver la obstinación de su hija, propuso que fuesen novios, se conocieran y, si en un mes, seguían con la misma idea, él aceptaría entregar a su hija en el altar.

Con las palabras dichas por Esteban, Marina sonrió, pues sintió un poco de calma en su corazón. Luego de aquello, comenzó a contarle sobre su música favorita, sus hobbies, sus colores favoritos y un montón de cosas más.

Los nervios de Marina se fueron disipando y Esteban se percató de que Marina no era una chica aburrida o tont@, era inteligente, un poco soñadora, pero inteligente, lo cual le daba puntos.

Ya en el cine, Esteban y Marina entraron a ver una película romántica llamada: One Day, la cual, para sorpresa de la joven, parecía que había tocado el corazón del hombre a su lado, pues podía jurar que vio cómo él había dejado salir una lágrima con el final.

---Actualmente ---

Marina se limpió las lágrimas que cubrían sus mejillas; ahora que recordaba la escena, se estaba dando cuenta de que no había sido por la película.

Capítulo 7: Odio y rencor 1

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