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La mujer que nunca fui romance Capítulo 5

Tras lo sucedido en el aeropuerto, la noticia se supo dentro de la familia Salas y Montemayor; las reacciones de incredulidad de algunos miembros no se hicieron esperar, no así para el padre de Esteban y la madre de Marina.

Ambas personas en cada trinchera, no lo decían, no lo gritaban, pero sabían bien que eso era algo que un día iba a pasar, la pregunta en su interior era: ¿Cuándo?

Los días pasaron con rapidez y, en un abrir y cerrar de ojos, ya habían pasado casi tres meses.

De todas las reacciones, las que más le importaban a Marina eran las de sus hijas: Renata y Diana. Para Esteban había resultado muy fácil marcharse, ya que, aunque decía amar a sus hijas y preocuparse por ellas, él no era testigo de lo que en verdad sucedía.

Diana se había vuelto callada y tímida, la mayoría de las ocasiones; después del colegio se encerraba en su habitación, tomaba un abrigo de su padre y se ponía a llorar hasta quedarse dormida.

Renata, por otra parte, se mostraba más en contra de Marina; la retaba, la desobedecía e incluso la culpaba. Sí, culpaba a su madre de que su padre ya no estuviese con ellas y no solo eso, ella no paraba de decirle que la había dejado por estar gorda, vieja y ser muy enojona.

La primera vez que la escuchó decir aquello, Marina, sin pensarlo dos veces, la abofeteó; luego reaccionó y se disculpó, pero aquello, solo sirvió para hacer que la grieta entre ellas se hiciera mucho mayor.

Marina trataba de mantener la calma y controlar los arranques de su hija, pero en ocasiones, siendo honesta, sentía que todo aquello la estaba superando.

Cansada y preocupada por la situación, tras pensarlo con detenimiento, decidió tragarse el orgullo e ir a ver a Esteban para hablar sobre lo que ocurría con sus hijas.

—Señora Montemayor, mi jefe está en una junta muy importante, no creo que la pueda atender. De verdad, me da mucha pena; ya le avisé que está usted aquí, pero… —Hizo una pausa la joven asistente. —Me dice que tiene la agenda llena.

—Tengo algo muy urgente que revisar con él y no me moveré de aquí hasta que pueda recibirme. Supongo que en algún momento deberá comer o tomar un descanso, ¿no lo crees? —expresó Marina, convencida de que lo que tenía que hablar con su aún marido no podría esperar más.

La asistente sentía lástima por aquella joven mujer, por dentro rogaba que se retirara, pues era seguro que lo que vería una vez que esa puerta se abriera, no le iba a gustar.

Más temprano que tarde, sus temores se hicieron realidad: la puerta se abrió y de ahí salió Lorena Huesca, la cual iba enfundada en un precioso vestido de diseñador color negro, el cual se ceñía muy bien a sus curvas.

Marina al inicio no la reconoció, pero bastaron unos cuantos segundos para que el timbre de su voz y sonrisa la hicieran mirarla dos veces. Al hacerlo, sus ojos se llenaron de incredulidad; ese cabello rubio, esos ojos azul profundo, esa silueta…

—¡Marina! —dijo Lorena con un aire relajado.

—¿Lorena Huesca? —preguntó Marina sintiendo cómo el aire le faltaba.

—La misma… —respondió Lorena con orgullo.

—¿Trabajas aquí con Esteban? —dijo Marina, comenzando a atar cabos.

Fue cuestión de segundos lo que la llevó a darse cuenta de todo, tras hacerlo, un enorme nudo se formó en su garganta.

—¡Sí! Acabo de iniciar hace poco, me da mucho gusto verte…

—¿Marina? ¿Qué haces aquí? —se escuchó la voz molesta pero algo nerviosa de Esteban.

—Te… Tengo un tema del que hablar contigo, se trata de nuestras hijas… —expresó Marina tratando de aparentar calma ante lo que su mente ya dibujaba.

Esteban tomó aire, supo que habría problemas de no recibirla, así que con la mano señaló para que su esposa pasara a su oficina.

—Bueno, Marina, gusto en verte, te dejo. Voy a mi oficina. —recalcó Lorena su posición en ese lugar.

Marina sabía que la amabilidad con la que la trataba en ese momento solo era fingida. En el pasado, cuando ella era una chiquilla y Lorena era una adolescente, nunca había sido amable, solía verla como una molestia, la excluía de los juegos y hacía que sus vecinitos la evitaran inventando historias ridículas de ella.

Capítulo 5: Reloj de pulsera 1

Capítulo 5: Reloj de pulsera 2

Capítulo 5: Reloj de pulsera 3

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