Una vez terminado el tema del trabajo, parecía que no había nada más que decir.
El viento le despejó un poco la cabeza a Fabio, pero el dolor de cabeza por el alcohol empeoró, llevándolo al borde de la embriaguez.
—Adiós —le dijo a Karina.
Justo en ese momento, Karina vio a Fabián y a Ximena salir por la puerta.
Si Fabio se daba la vuelta en ese instante, los vería, y todo su plan se iría al traste.
Karina reaccionó con rapidez. Extendió la mano derecha, agarró la corbata de Fabio y tiró de él, que ya había empezado a girarse.
La distancia entre ellos se acortó en un instante.
El aroma del cabello de Karina lo envolvió. Fabio se quedó rígido; no esperaba esa reacción de ella.
Sus dedos se crisparon inconscientemente.
Detrás de su rostro inexpresivo, se escondía un pánico difícil de contener.
Se dio cuenta de que su cuerpo extrañaba a Karina más que él mismo.
Justo cuando Fabio iba a acercarse más, la mirada de Karina se apartó de la distancia y se posó en su rostro.
Karina lo soltó y, con una sonrisa, dijo:
—Se le fueron los ojos, director Torres.
—Gracias, director Torres, por dejarme ver en sus ojos que todavía tengo el encanto de hacer que un corazón se acelere.
Karina se dio la vuelta con una elegancia natural.
Fabio se sintió como si se hubieran burlado de él.
Debería estar enojado, pero al pensar en la sonrisa de Karina y en la posible colaboración futura, las comisuras de sus labios se curvaron hacia arriba…
***
Florencia esperaba ansiosa a Karina en el carro.
Quiso bajar con ella al bar, pero Karina temía que Sebastián la viera y creara problemas a propósito, arruinando sus planes, así que le pidió que se quedara en el carro.
No respiró tranquila hasta que Karina se sentó a su lado.
Karina llevó a Florencia de vuelta a Residencial Las Ceibas.
La luz blanca y fría iluminaba el estacionamiento subterráneo, acentuando el silencio del lugar.

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