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La Guerra de Karina: Mi Destino es Mío romance Capítulo 195

Karina recibió el mensaje de Fabián justo antes de dormir.

Al leer “droga desconocida”, supo de inmediato de qué se trataba y para quién pretendía usarla Selena.

Ese par, madre e hija, eran de lo peor. Su falta de amor propio era asombrosa.

«¿Acaso creen que pueden atar el corazón de un hombre con el cuerpo, apostando a su moral y conciencia?», pensó.

«Ni que se dieran cuenta de que, si los hombres que buscan tuvieran conciencia y moral, no traicionarían su matrimonio y a su familia con gente de su calaña».

Karina no era tan buena como para advertirle a Fabio.

Le respondió a Fabián: [Ten mucho cuidado, no dejes que Ximena se aproveche de ti… Y no consumas nada que haya estado fuera de tu vista.]

Fabián contestó: [Entendido.]

***

Tres días después.

Karina estaba comiendo un estofado con Florencia cuando recibió un mensaje de auxilio de Fabián.

[Estoy en un privado del Club del Jardín Secreto. El director Torres, Sebastián y Orlando están en la zona VIP del segundo piso. Ximena quiere ir a otro lugar y estoy atrapado aquí, no puedo salir.]

Karina respondió: [Gana unos veinte minutos, iré para distraerlos.]

En la zona VIP del segundo piso del Club del Jardín Secreto.

Un biombo de metal ofrecía privacidad sin obstruir la vista, permitiendo a quienes estaban detrás observar todo lo que ocurría en el primer piso.

Sebastián y Orlando estaban sentados en un sofá cerca del biombo, uno fumando y el otro bebiendo.

Ambos miraban al mismo punto: el sofá de enfrente, donde Fabio los observaba con expresión severa.

Fabio sostenía un fajo de fotos de hombres, examinándolos uno por uno.

Había dos que parecían los más adecuados para Selena.

Uno era el hijo ilegítimo de una familia adinerada.

El otro, un pariente lejano de otra familia rica, con buena educación y apariencia.

—¿De verdad estás dispuesto a casar a Seli? —preguntó Sebastián, con un cigarro entre los dedos, mirando de reojo a Fabio.

Fabio se bebió un trago de golpe. El alcohol le quemó la garganta y tardó en responder.

—Si fueras tú, ¿te casarías con Seli? —le preguntó Orlando a Sebastián.

Sebastián soltó una risa despectiva.

—Querer casarse y poder casarse son dos cosas distintas. La que llevas a casa tiene que tener un origen impecable, ser digna y elegante… Lo que quiero decir es que Fabio podría tener a Seli como un capricho, no hay necesidad de casarla.

Orlando asintió, de acuerdo.

Ambos volvieron a mirar a Fabio, esperando su decisión.

En familias como las suyas, la visión del matrimonio se inculcaba desde pequeños.

Tenía que ser entre iguales, uniones que beneficiaran el honor y los intereses de la familia.

Fabio, por supuesto, lo entendía.

En su momento, insistió en casarse con Karina, primero, porque no podía resistirse a su atractivo.

Segundo, porque creía que Karina impulsaría su carrera.

No era un tonto enamorado, como algunos decían. Siendo el único heredero de la familia Torres, no podía permitírselo.

Por eso, su promesa de hacerse responsable de Selena era solo de palabra, nunca la cumpliría.

Fabio admitía que era un patán.

Tras otros dos tragos, finalmente habló.

—Le daré una dote generosa para que no le falte nada.

Sebastián y Orlando asintieron.

Era el arreglo más digno que podía ofrecerle.

Orlando chocó su vaso con el de Fabio y, sonriendo, le preguntó a Sebastián.

—¿Tú y Florencia se van a divorciar o no? Llevan dos años casados, ¿han llegado a acostarse?

—Claro que nos divorciaremos —respondió Sebastián con aire despreocupado, mordiendo el cigarro—. Pero su abuelo sigue sin estirar la pata, ¿qué puedo hacer yo?

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