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La Guerra de Karina: Mi Destino es Mío romance Capítulo 173

¿Subcontratar a Andes Chip?

¿Permitir que su SingularTech colaborara con su propia tecnología del pasado, que el dinero que ganara sirviera para mantener a Fabio, y que Fabio a su vez mantuviera a Selena…?

«Sería mejor diseñar una bomba con inteligencia artificial y volarlos a todos por los aires».

Mientras una tormenta de furia estallaba en su interior, Karina logró mantener una expresión serena.

Se miró en la pantalla de su celular. Al menos no parecía una fiera.

—Lo discutiremos otro día. ¡Se levanta la sesión!

Cuando Rebeca estaba a punto de irse, Karina la detuvo.

—Ve a buscarme un nuevo anillo inteligente, de hombre.

Rebeca la miró con extrañeza.

—Directora Karina, ¿es para un regalo?

Karina asintió sin reparos.

—Sí.

—¿Para Ariel?

Karina bajó los documentos que tenía en la mano, extrañada, y miró a Rebeca, preguntándose cómo lo sabía con tanto detalle.

Rebeca comenzó a relatar la escena de la fiesta de celebración en la que Karina se había emborrachado.

No solo lo contó, sino que lo actuó.

Interpretó a los cuatro personajes ella sola, con una exageración digna de una actriz premiada, haciendo que a Karina se le erizara la piel.

—En ese momento, Germán y yo la sosteníamos a usted, que estaba ebria, justo cuando salíamos por la puerta giratoria del hotel. De repente, el profesor Solano apareció como un ángel caído del cielo, y usted gritó «¡Ariel!»… con una vocecita melosa y chillona… «Ariel, Ariel». Ay, no me sale igual, pero en fin, era una voz que le pararía el corazón a cualquier hombre y le pondría la piel de gallina a cualquier mujer.

—Luego, usted extendió los brazos hacia el profesor Solano, y ni Germán ni yo pudimos detenerla… Dijo: «Ariel, un abrazo…»

Germán la interrumpió con frialdad.

—Fue Ariel quien preguntó: «¿Quieres que te cargue?».

—¡Sí, sí, eso! —corrigió Rebeca—. La directora Karina dijo: «Ya no puedo caminar». Ariel preguntó: «¿Quieres que te cargue?», y usted, directora Karina, volvió a usar esa vocecita chillona, melosa y coqueta para decir: «Sí, cárgame…».

—¡Basta, basta!

Karina se estremeció al imaginar esa escena tan bochornosa.

Carraspeó y dijo:

—Muy bien contado por ambos, pero no quiero volver a oír ni una palabra más al respecto.

—Y por favor, borren esa imagen de sus mentes, como si fuera un programa de computadora.

Cuando Rebeca y Germán se fueron, Karina abrió una botella de agua.

Bebió una buena cantidad.

Solo cuando sintió que el calor de su rostro disminuía, salió de la sala de reuniones.

Belén había ido al Hospital de la Santa Caridad a cuidar de Caro, lo que tranquilizó bastante a Karina.

Así también le era más fácil mantenerse informada.

Al saber que Boris y Patricia estaban en el hospital, Karina decidió no ir a ver a Caro para evitar un enfrentamiento.

Cuando llegó la hora de salir del trabajo, Karina guardó el anillo inteligente de hombre en su bolso y le preguntó a Ariel dónde estaba.

—[Acabo de salir del trabajo, ya voy para allá] —respondió Ariel.

Karina fue primero a Residencial Las Ceibas, pero por más que esperó, Ariel no llegaba.

Justo cuando iba a llamarlo, sonó el timbre de su puerta.

Se acercó a la entrada y, al mirar por la pantalla, vio que era el amigo de Ariel, el doctor Tomás Sáez.

Karina acababa de ducharse. Echó un vistazo a su ropa de casa y, al no ver nada inapropiado, abrió la puerta.

Tomás, sin siquiera un saludo, soltó la bomba sin más:

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