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La Guerra de Karina: Mi Destino es Mío romance Capítulo 146

Caro se quedó pensativa.

Lo meditó durante un buen rato, pero no sabía si era normal o no.

Después de todo, su tía había abrazado a su papá el primer día que regresó del extranjero.

Mientras su mamá estaba en la empresa investigando chips, ella veía a su tía y a su papá abrazarse todos los días.

Se abrazaban al despertar y salir de la habitación.

Se abrazaban para darse las gracias.

Se abrazaban al despedirse.

Su tía decía que así eran las cosas en el extranjero.

Que un abrazo era una muestra de amistad.

Al principio le pareció extraño, pero luego se acostumbró.

¡Nunca se había puesto a pensar si estaba bien o mal que una mujer que no fuera su mamá abrazara a su papá!

Esta pregunta la atormentaba.

Cerca del mediodía, aprovechando que la señorita Fonseca no estaba en el salón, Caro les pidió a sus compañeros que la ayudaran a resolver su duda.

Pero nadie quería hablar con ella.

Todos preferían jugar con Melisa.

Boris le había enseñado a Caro que, para que la gente te hiciera caso, tenías que darles algo a cambio.

Así que Caro sacó de su mochila las gelatinas que Selena le había comprado.

Se la daría a quien le respondiera.

La estrategia funcionó a la perfección.

—Yo primero —dijo Ignacio, levantando la mano.

Caro se sintió muy satisfecha.

—¿Tu papá quiere más a tu mamá o a otra señora? —le preguntó.

Ignacio, mirando la gelatina en la mano de Caro, respondió: —Claro que a mi mamá… Si quisiera a otra señora, sería infiel, y mi mamá le pegaría a mi papá.

¿Pegarle a su papá?

Caro recordó que, efectivamente, su mamá también le había pegado a su papá una vez, lo derribó con una llave de judo.

Caro abrió el paquete de gelatinas y le dio una a Ignacio.

Aprovechando que la maestra no estaba, Ignacio se la comió de un bocado.

—¿Tu papá abraza a otras mujeres que no sean tu mamá? —le preguntó Caro a Jimena.

—No —respondió Jimena con su vocecita—. Mi papá ni se atreve a mirar a otras mujeres.

Caro le dio una gelatina a Jimena.

—Gracias, Caro —dijo la niña.

Melisa, al ver que Caro seguía preocupada por el tema, quiso decirle: «Lo normal es que quiera a tu mamá».

Pero luego pensó que a Caro no le gustaba escucharla, así que era mejor no meterse. Se calló y siguió dibujando.

Ignacio quería otra gelatina, así que se acercó a Caro para decirle algo más.

Caro siguió dándole gelatinas.

—Melisa, mi tía me las trajo del extranjero. ¿Quieres una? —la tentó Caro.

—Gracias, pero no —respondió Melisa.

En realidad, sí se le antojaba un poco, pero su papá no la dejaba comerlas porque se enfermaba de la tos fácilmente.

—Si me devuelves a mi mamá, te doy una —dijo Caro.

Melisa levantó su carita resplandeciente y la miró.

—Yo no te quité a tu mamá. Tú heriste los sentimientos de la señora, deberías ir a disculparte con ella, enmendar tu error y pedirle perdón. No me pidas a mí que te la devuelva. ¿Acaso yo le dije que no te reconociera?

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