Comieron su helado en un silencio tenso, cada quien en lo suyo.
Karina y Florencia salieron del brazo.
Una vez más, todas las miradas las siguieron hasta que desaparecieron.
Los dos hombres de la mesa de al lado volvieron a susurrar con picardía.
—¿Lo lograste?
—No pude tomarle foto por debajo de la falda, solo a sus piernas.
—No mames, qué piernas tan blancas, suaves y largas. Parecen dos columnas de marfil. Seguro se sienten increíbles.
—Su hombre debe estar en el paraíso. Poder besarlas y tocarlas todos los días...
El vaso vacío en la mano de Fabio se estrelló contra la mesa.
Selena y Caro se estremecieron del susto.
Fabio se levantó con una expresión gélida y se dirigió a la mesa de al lado.
Agarró una cabeza con cada mano y las hundió con fuerza en sus respectivos helados.
La gente en la tienda se quedó boquiabierta.
El gerente se acercó para mediar, pero después de una mirada fulminante de Fabio, no se atrevió a dar un paso más.
Los dos hombres se limpiaron la cara con las manos y gritaron furiosos:
—¡Qué chingados te pa...!
—¡Borren las fotos! —les ordenó Fabio, mirándolos con desdén.
No parpadeó ni una vez, su aura de superioridad era abrumadora.
Los dos hombres, al ver que el tipo parecía ser alguien importante, perdieron el valor de inmediato.
Borraron las fotos y se fueron con el rabo entre las piernas.
Fabio les dijo a Selena y Caro:
—Voy al baño, espérenme aquí.
—Fabio... —lo llamó Selena, queriendo seguirlo, temiendo que fuera a buscar a Karina.
Pero Caro no se movió, diciendo que quería terminar su helado antes de irse.
Cuando Selena había estado sembrando cizaña entre Karina y Caro, le había dicho que el verdadero amor era complacer en todo.
No podía contradecirse ahora.

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