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La Guerra de Karina: Mi Destino es Mío romance Capítulo 125

Karina observaba en silencio, pensando que todo era una exageración.

De niña, cuando se raspaba los brazos o las piernas y sangraba, ni siquiera se ponía desinfectante.

Ariel terminó de curar la herida de Melisa, se levantó y su mirada se encontró con la de Karina.

Ella le dedicó una sonrisa.

Fue una sonrisa improvisada, no muy profunda, con una expresión aún serena.

Pero en los ojos de Ariel, se veía increíblemente hermosa.

Karina se sintió un poco incómoda bajo su mirada, bajó la vista hacia Melisa y preguntó:

—La herida de Melisa, ¿estará bien?

—Estará bien. Fui yo el que se puso demasiado nervioso.

Dicho esto, Ariel se dirigió a la cocina.

Karina sintió que no había terminado de hablar, así que lo siguió.

Él habló, y ella escuchó.

—Melisa pasó cinco meses en la unidad de cuidados intensivos neonatales para poder sobrevivir. Después de que le dieron el alta, un simple resfriado podía derivar en una neumonía grave. No parábamos de entrar y salir del hospital, piquetes, sueros... Las venas de su cabeza y pies sufrieron daños localizados. Por eso no la dejo tomar bebidas frías, ni aprender a nadar, y no quiero que se lastime ni un poquito.

Karina lo escuchaba con el corazón apesadumbrado.

El amor de un padre es algo digno de compasión. Ahora podía entender la exagerada reacción de Ariel.

—¿La mala salud de Melisa se debe a que fue prematura?

—No, fue por una falta aguda de oxígeno durante el parto.

—¿Falta de oxígeno? ¿La madre de Melisa murió por complicaciones en el parto?

En cuanto Karina hizo la pregunta, se arrepintió al instante.

«¿No es como restregarle la herida en la cara?»

Tratando de enmendar su error, añadió:

—Has criado a Melisa de maravilla. Es frágil de salud, pero no tiene un carácter para nada consentido.

—Ella es...

Ariel se detuvo, a punto de decir algo más.

Temía que si decía que los padres de Melisa también murieron en el terremoto de Puerto Velero, reavivaría los dolorosos recuerdos de Karina.

Así que solo pronunció esas palabras y apretó los labios.

Karina enarcó una ceja, confundida.

Un momento después, se dio cuenta. Ariel estaba respondiendo a su pregunta anterior.

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