¿Acaso todo el esfuerzo de estos años por fin estaba dando frutos?
Siete años atrás, fue la primera vez que vio a César de Soto.
Ese año, Don de Soto, el patriarca, estaba gravemente enfermo, y las luchas internas por el poder en la familia estaban al rojo vivo. Sus enemigos, persiguiendo su rastro, finalmente habían encontrado a César, quien vivía bajo un nombre falso en Valdemar.
Luego, buscaron la ayuda de la familia Guerrero para escoltarlo en secreto de regreso a Portugal.
Esa fue la primera vez que ella lo tuvo frente a frente. Tenía poco más de veinte años, pero ya era un hombre tan frío, imponente y calculador que no parecía de su edad. Incluso en medio de una huida desesperada, no mostró ni un atisbo de pánico.
En ese instante, lo supo: ese era el hombre que quería para ella.
Desde ese momento, su objetivo estuvo más claro que nunca.
Sabía que su abuelo pretendía utilizar esa deuda de vida como moneda de cambio para arreglar un matrimonio entre las familias. Y entre todos los nietos, ella sería la candidata ideal.
Pero no se conformaba con ser un simple trofeo arreglado. Quería más que un matrimonio por conveniencia. Quería que César le entregara el corazón.
Por eso, se dedicó a superarse paso a paso.
Primero, brilló en el mundo del arte para demostrar su valía. Con ese prestigio bajo el brazo, estaba segura de que su abuelo le entregaría el liderazgo de la familia Guerrero.
Segundo, cultivó con paciencia su relación con César. Siempre se encargó de mantener una distancia calculada, un juego de tira y afloja, para dejarle claro que ella no era como las demás mujeres. Era independiente, brillante y valiosa. Jamás se humillaría persiguiéndolo, porque sabía que César despreciaba a ese tipo de mujeres.
Al mismo tiempo, nunca dejó de limpiar su camino de cualquier amenaza potencial. Incluso si solo era una chispa. Por ejemplo, esa tal Eliana, la supuesta "hermana" y vecina de César.
Regina recordaba perfectamente que, cuando todos presionaban a César para que abandonara Valdemar de inmediato, él seguía preocupado por esa pequeña vecina.
En ese momento, Regina intervino con tono comprensivo:
—Estás en peligro constante. Si la contactas ahora, solo la arrastrarás a esta pesadilla. Hazme caso: mándale un mensaje haciéndole creer que no te importa y que ya no tienen nada que ver. Así, nadie la pondrá en su radar.
Regina se mostró como el epítome de la empatía.
—Si te preocupa tanto, una vez que regreses a Portugal, le explicas toda la situación. Estoy segura de que ella lo entenderá.



VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La doble vida de la esposa traicionada