—Ya ni siquiera voy a hablar de cómo estás humillando a Eliana —su tono se volvió glaciar—. Estás hundiendo a la familia Romano. El grupo está en una fase crítica de adquisición. Cualquier nota negativa va a impactarnos diez veces más. ¿Tienes idea de cuánta gente está esperando a que mostremos debilidad para destrozarnos?
Manuel guardó silencio por unos segundos. Finalmente, habló.
—El bebé no es mío.
Dado que existía la gran posibilidad de que Esther no fuera su verdadera amiga de la infancia, ya no tenía motivos para seguir cubriéndole la espalda.
El silencio sepulcral invadió la línea.
Un instante después, la voz de su madre volvió a escucharse. Esta vez, sonaba mucho más alterada y nerviosa: —Si el niño no es tuyo... entonces, ¿quién es esa mujer? ¿Por qué la llevaste al hospital?
Manuel tragó saliva. —Es... es Esther Garza.
La línea volvió a quedar sumida en un profundo silencio.
Un silencio que delataba un sinfín de emociones. Asombro, decepción y una gran dosis de resignación.
Toda la familia conocía el pasado entre Manuel y Esther Garza.
En aquel entonces, las dos familias eran tan cercanas que incluso los adultos veían con buenos ojos que algún día terminaran juntos.
Pero el destino nunca pide permiso.
Tras el prolongado silencio, la madre de Manuel volvió a hablar. Su voz delataba un cansancio absoluto: —Manuel, hijo mío, no quiero regañarte, pero... ¿Aún sientes algo por ella? Esa mujer está embarazada, el hijo ni siquiera es tuyo, y tú ya estás casado. Y aun así, sales corriendo a cuidarla, abandonando a tu propia esposa.
Soltó un largo suspiro. —¡Dime, por el amor de Dios, en qué estabas pensando!
Pero la Abuela Romano la interrumpió de tajo, con una frialdad matemática: —Si el hijo no es tuyo, las cosas son mucho más fáciles. Solo tenemos que aplastar este rumor.
Hablaba sin prisa, pero con una claridad escalofriante; ya tenía el plan de contención armado en su cabeza.
—Salir ahora a decir que el hijo no es tuyo no sirve de nada. La gente en internet no lo va a creer. Solo pensarán que estamos intentando encubrirte y se inventarán más teorías. Además, no tenemos cómo probarlo sin arrastrarnos por el fango.
Hizo una pausa estratégica.
—Lo que nos lleva a esa dichosa foto del aeropuerto. Tenemos que darle una explicación lógica y perfecta. Y la solución más rápida... es usar a Eliana.


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