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La doble vida de la esposa traicionada romance Capítulo 74

Esther nunca en su vida había tenido que tragar semejante humillación, pero frente a Manuel no se atrevió a estallar. Así que, cambiando el tema y adoptando un tono lastimero, murmuró:

—Eliana... ¿No crees que estás siendo demasiado cruel?

Mientras hablaba, se tambaleó ligeramente, como si estuviera a punto de desmayarse.

Finalmente, Manuel sacó su celular, resignado.

—Eliana, te voy a transferir una compensación económica y, además, te daré una casa. ¿Podemos omitir la disculpa?

Al ver la notificación en su teléfono, con una transferencia de millones, Eliana decidió que ya había sacado suficiente provecho de la situación.

—Está bien —aceptó.

Y así, el incidente quedó zanjado.

Cuando salieron del hospital, el viento de la noche era helado.

Eliana llevaba el brazo derecho inmovilizado, pero su mente nunca había estado tan clara.

Valeria la miró y le preguntó: —¿Por qué no demandaste a esa perra hasta las últimas consecuencias?

Eliana respondió con voz neutra: —La demanda no iba a llegar a nada. El video no es concluyente; lo más probable es que nos hubieran multado a ambas. Solo quería darle un buen susto. ¿Quién iba a pensar que Esther se iba a quebrar tan rápido?

Valeria la abrazó con cuidado, con los ojos llorosos. —Cariño, perdóname por meterte en este lío. Todo lo que tuviste que pasar...

Mientras tanto, en el interior del hospital.

Esther estaba acurrucada en el pecho de Manuel, con la cabeza gacha y los ojos rojos, en absoluto silencio.

Se sentía derrotada. Las cosas habían llegado a un punto en el que no solo había dañado la imagen que Manuel tenía de ella, sino que le había regalado a esa mujer una casa y millones de pesos a cambio de nada.

Para el heredero de los Romano, esa suma no era nada. Pero la idea de que Manuel hubiera tenido que humillarse y disculparse en su lugar la llenaba de resentimiento, aunque también de un extraño alivio.

Este hombre rico, apuesto y poderoso estaba dispuesto a hacer todo eso por ella.

Sin embargo, bajo sus pestañas caídas, en sus labios se dibujó una levísima y macabra sonrisa.

Al menos había logrado su objetivo principal: la mano derecha de Eliana quedaba inservible a corto plazo.

Quería ver cómo iba a pintar ahora.

Por otro lado, Manuel observaba el lugar por donde Eliana había desaparecido. Su mente estaba anclada en la pregunta que le había hecho momentos atrás:

"¿Qué tiene de especial ella?"

Capítulo 74 1

Capítulo 74 2

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