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La doble vida de la esposa traicionada romance Capítulo 55

Aquel viaje estuvo plagado de peligros mortales. Hubo un momento en el que llegó a sentir el cañón de un arma rozándole la espalda. Para evadir a los asesinos, tuvo que cambiar de identidad y de teléfono incontables veces, calculando cada paso con una precisión paranoica.

Si logró llegar vivo a su destino, fue enteramente gracias a la protección de la familia Guerrero. Esa deuda de honor era algo que él jamás olvidaría.

Y ahora que había vuelto, el Consorcio de Soto necesitaba abrirse paso en el mercado de Valdemar, para lo cual resultaba indispensable contar con el apoyo de una familia local consolidada. Tras sopesar las opciones, César había elegido a los Guerrero.

Para Don Octavio, esa alianza también era una cuestión de supervivencia. La familia Guerrero poseía historia y abolengo, pero le faltaba sangre nueva para liderar.

Sus dos hijos, Octavio Jr. y Claudio, eran un par de inútiles sin visión. Octavio Jr. era impulsivo y superficial, siempre manipulado por su esposa y enfocado únicamente en exprimir la fortuna familiar. Por su parte, Claudio era un hombre honesto pero carecía de la astucia y el carácter para tomar las riendas del imperio.

Su única hija, Celina Guerrero, había sido una mujer extraordinariamente brillante. Por desgracia, años atrás había cortado todo lazo con la familia por negarse a un matrimonio arreglado, y más tarde falleció trágicamente joven.

Si miraba a la siguiente generación, la decepción era aún mayor.

Su nieto Gustavo era torpe, malintencionado y no veía más allá de sus narices; una causa perdida. Su nieta Regina, por el contrario, era astuta, pero mezquina. Su ambición desmedida y sus tácticas sucias la hacían carecer de la visión de una verdadera líder.

Don Octavio ya había movido sus piezas en el tablero mental. Necesitaba un factor externo poderoso que asegurara la gloria de los Guerrero durante las próximas décadas. Y ese factor no era otro que el Consorcio de Soto.

Si lograba que ese acuerdo comercial escalara hasta convertirse en un matrimonio estratégico con la familia de Soto, sería la jugada perfecta. Miró a César de Soto al otro lado de la mesa, y no pudo evitar sentir una profunda satisfacción.

El patriarca de los Guerrero sostenía su taza de té, con la mirada calculadora y profunda.

Inicialmente, la reunión entre Don Octavio y César estaba a punto de terminar.

El anciano ya se había puesto de pie para despedir a su invitado, cuando César, de manera casual, preguntó:

—Vi que el personal estaba preparando el gran comedor. ¿Espera visitas importantes esta noche, Don Octavio?

El patriarca soltó una carcajada:

Capítulo 55 1

Capítulo 55 2

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