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La doble vida de la esposa traicionada romance Capítulo 53

Don Octavio asintió lentamente, dejando asomar un leve gesto de aprobación en su rostro.

El área que Eliana había elegido era brillante. En primer lugar, estaba lo suficientemente alejada del centro de la pintura; si fallaba, el impacto sería mínimo. En segundo lugar, el daño en esa esquina era estructuralmente complejo. Si lograba repararlo, sería prueba irrefutable de su maestría.

Don Octavio, por supuesto, notó la astucia detrás de su elección y, en silencio, reconoció la inteligencia de la muchacha.

Sin agregar otra palabra, Eliana se dirigió a la mesa de trabajo que ya estaba preparada. Comenzó a mezclar sus propios reactivos, humedeció los pinceles y preparó los pigmentos. Media hora más tarde, todo estaba en su lugar.

Cerró los ojos un instante, tomó una respiración profunda y, al abrirlos de nuevo, su mirada era la de un cirujano a punto de operar. Parecía que el mundo entero había desaparecido, dejando únicamente el lienzo frente a ella.

Tomó el pincel de pelo de cabra más fino que tenía y aplicó una gota microscópica de su reactivo recién mezclado. Manteniendo la muñeca rígida y el pincel completamente vertical, comenzó a humedecer los bordes milímetro a milímetro. Al ser un área de daño tan pequeña, el pulso debía ser absoluto; un solo temblor y agravaría la rotura.

Repitió el movimiento decenas de veces. Era un trabajo que exigía una fuerza de muñeca y una paciencia descomunales. Pero Eliana se mantuvo firme como una roca, totalmente abstraída, sin notar siquiera las finas gotas de sudor que comenzaban a perlársele en la frente.

Esa intensa aura de concentración contagió al resto de la sala. Todos detuvieron sus movimientos, guardando un silencio sepulcral, temerosos de que un simple respiro pudiera distraerla y arruinar la restauración.

Una vez erradicado el moho, Eliana tomó un pincel del mismo tamaño, y con una técnica similar, comenzó a aplicar diferentes aglutinantes para reforzar la estructura del papel rasgado.

Para cuando terminó esta fase, ya había transcurrido una hora. Dejó escapar un suspiro casi inaudible y soltó el pincel. Hizo rotar su muñeca entumecida y enderezó la espalda.

Sin darse cuenta, Don Octavio ya se había plantado a su lado, asomándose con una urgencia que no lograba disimular, desesperado por ver los resultados.

—No se impaciente, Don Octavio —dijo Eliana—. En cuanto el adhesivo seque, comenzaré con la mezcla de color.

—¡Hmpf...! —bufó el anciano, fingiendo desdén—. Como si necesitara que me enseñaras. Las dos primeras fases apenas pasaron de aceptables. Si no te sientes segura con la pigmentación, te sugiero que te detengas ahora mismo, antes de que destruyas mi obra.

Capítulo 53 1

Capítulo 53 2

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