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La doble vida de la esposa traicionada romance Capítulo 384

Después de todo, era su propio hijo. Era imposible que César no estuviera triste o que no le importara. Pero, para él, la salud y la felicidad de Eliana estaban por encima de cualquier cosa.

Para evitar que Eliana se sintiera culpable al descubrir la verdad, César estaba dispuesto a cargar con toda la responsabilidad él solo.

Si Eliana le preguntaba, le diría que él no estaba preparado para ser padre. Prefería que ella lo odiara a él, antes de dejar que se odiara a sí misma.

Eliana notó el tiempo que César pasó sumido en sus pensamientos y su corazón se aceleró: ¿Acaso sus sospechas eran ciertas?

En un abrir y cerrar de ojos, el auto llegó al hospital. Ambos subieron al último piso de la clínica privada.

César había ordenado despejar el área con anticipación.

Las puertas del ascensor se abrieron y una ráfaga de aire helado los golpeó, mezclada con el característico olor a desinfectante de hospital.

Eliana miró el pasillo vacío. El mármol reflejaba una luz pálida y desolada. De repente, sintió que un escalofrío la invadía y no pudo evitar estremecerse.

César tenía la cabeza llena de planes sobre cómo ocultarle la verdad; caminaba con prisa y no notó el destello de determinación en los ojos de la joven que iba tras él.

—César —lo detuvo Eliana—. Ve tú adelantándote al consultorio, voy al baño un momento.

César asintió y señaló hacia el final del pasillo.

—Está bien, te espero allá, en la oficina del médico.

Eliana caminó obedientemente hacia los baños, en dirección opuesta. Sin embargo, en el instante en que dobló la esquina y quedó fuera del campo visual de César, giró bruscamente y bajó por las escaleras de emergencia.

Mientras tanto, César esperó y esperó en el consultorio, pero ella no aparecía.

Veinte minutos después, preocupado de que le hubiera pasado algo, le pidió a una enfermera que fuera a revisar el baño.

En menos de medio minuto, la enfermera regresó corriendo y jadeando.

—No... no hay nadie, el baño está vacío.

César se puso de pie de un salto, con tanta fuerza que derribó la silla.

Después de la experiencia previa en la que Eliana fue secuestrada, su primera reacción fue pensar que se la habían llevado.

Capítulo 384 1

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