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La doble vida de la esposa traicionada romance Capítulo 38

Manuel se volvió hacia Eliana con una mirada cargada de advertencia: —Voy a desembolsar esos cinco millones. Pero te advierto algo: si resulta que la artista ni siquiera estaba enterada de este precio o si esto no fue idea suya...

—...y solo lo haces por tus caprichos para armar un escándalo y terminas haciendo el ridículo, no pienso mover un solo dedo para arreglar tu desastre.

Eliana se limitó a esbozar una leve sonrisa: —No se preocupe, no necesitaré su ayuda.

De todos modos, ¿cuándo en la vida te has tomado la molestia de ayudarme a arreglar algo?

—Voy a preparar el papeleo. —En el instante en que dio media vuelta para salir, una auténtica sonrisa de satisfacción iluminó su rostro.

Cinco millones.

Ese golpe a la billetera de Manuel sí que iba a dolerle.

Se dirigió hacia los curadores para confirmar los trámites y realizar los ajustes necesarios en el cronograma de la subasta. Cuando regresó, ya llevaba puesta de nuevo su impecable sonrisa profesional.

Eliana asintió con cortesía: —Para los siguientes pasos del proceso, uno de nuestros especialistas se pondrá en contacto con ustedes. Tómense su tiempo para admirar la obra, yo me retiro.

Dio media vuelta, lista para irse.

—Eliana —la voz de Manuel la detuvo de golpe.

Ella se giró.

—¿Cuándo vas a regresar a casa? —La pregunta sonó tan natural, como si simplemente le estuviera preguntando qué quería cenar esa noche.

A Eliana le resultó hasta cómico. Él, de verdad, seguía creyendo que su trabajo era solo un pasatiempo, una rabieta pasajera.

—Ya veremos —respondió, quitándole importancia.

Sin embargo, Manuel no apartó la mirada de inmediato. El corte elegante de su vestido sastre resaltaba su figura de manera impecable; se veía sofisticada y dueña de sí misma.

Por primera vez, una sombra de duda cruzó por la mente de Manuel. Desde que Eliana sacó el tema del divorcio, él jamás se lo tomó en serio. En su cabeza, todo era un simple capricho de mujer, un berrinche que se arreglaría con un par de mimos y regalos.

Pero Eliana ya estaba harta de esa falsa preocupación y de sus mensajes insistentes. Le repugnaba la idea de que él creyera que abandonarlo era una muestra de ingratitud, como si su destino fuera girar eternamente a su alrededor.

Últimamente, aunque le había dicho claramente en su cara que quería el divorcio, Manuel seguía ignorándolo olímpicamente. Eliana decidió que ya era hora de hablar sin medias tintas. Si no era directa, él continuaría con su actitud arrogante, asumiendo que ella volvería corriendo a sus brazos en cualquier momento.

Capítulo 38 1

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