Regina se encogió, temblando ante los gritos. Tenía los ojos llenos de lágrimas, viéndose como la criatura más indefensa del mundo.
Apenas unos minutos antes, un video con ella como protagonista absoluta había invadido todos los rincones de internet, siendo compartido masivamente por cuentas de distintas plataformas al mismo tiempo.
Aunque Regina gozaba de cierta popularidad en su círculo y cuidaba la imagen de sus redes sociales, su fama no era tan inmensa como para paralizar a todo el país.
El verdadero problema era el contenido: un video explícito y escandaloso de ella manteniendo relaciones íntimas con un hombre en la habitación de un hotel.
Desde siempre, la sociedad sentía una fascinación morbosa por este tipo de escándalos, así que, en cuanto el video salió a la luz, las multitudes acudieron a verlo.
Al principio, la atención se centró en evaluar el atractivo de los involucrados, comentando las poses y disfrutando del morbo del momento.
Pero no tardó mucho en saltar la alarma: alguien reconoció que la protagonista femenina no era otra que Regina Guerrero.
Eso fue el detonante que disparó la viralidad a niveles absurdos.
Regina finalmente era famosa, pero de la forma más repulsiva que jamás habría imaginado.
Don Octavio, con el rostro desfigurado por la rabia, había activado todas sus conexiones en cuanto se enteró, ordenando la eliminación inmediata del video en todas las redes, suspendiendo cuentas y bloqueando cualquier noticia relacionada.
A pesar de haber borrado la evidencia superficialmente, el fervor de las discusiones y el daño a la reputación de la familia seguían propagándose como una enfermedad.
El anciano la había sacado de su habitación a rastras, exigiéndole una explicación.
Cuando Regina recibió la noticia, su cerebro simplemente dejó de funcionar.
El sujeto del video era un hombre obeso, de rostro grasiento y aspecto repugnante. Con solo verlo, casi devuelve el estómago.
¿Acaso creían que Regina Guerrero había perdido la cabeza para terminar en la cama con una escoria de esa calaña?
Siempre se había considerado una mujer de altísimo valor; sentía que muy pocos hombres en el mundo merecían siquiera su mirada. ¡Se respetaba demasiado a sí misma para caer tan bajo!
Al ver que Don Octavio ya había roto la taza y descargado gran parte de su furia, dedujo que tal vez ahora sí estaría dispuesto a escucharla. Con la voz rota por el llanto, suplicó: —Abuelo, se lo juro, ¡no sé nada de esto! ¡Yo jamás haría algo así! ¡Esa mujer no soy yo!
—¡La tecnología de hoy en día es capaz de cualquier cosa! Alguien falsificó este video con la única intención de arruinarme.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La doble vida de la esposa traicionada