Si de verdad estaban juntos, Manuel no sabría de dónde sacar las fuerzas ni el poder para recuperar a Eliana.
Se sumió en sus pensamientos y, sin darse cuenta, sus dedos se clavaron en el tapizado del asiento. Otro día tendría que encontrar la forma de sondear a César.
El auto de Manuel no tardó en llegar a La Mansión Romano.
Paola estaba de pie en el centro de la sala, visiblemente ansiosa.
Originalmente, había aceptado trabajar como niñera para la familia Romano por el jugoso sueldo, ahorrando durante años para pagar el tratamiento de su hija.
Ahora que por fin tenía el dinero y la cirugía había sido un éxito, ya no necesitaba seguir ganando sumas exorbitantes.
Su plan era renunciar, llevarse a su hija de vuelta a su pueblo natal y dedicarse a cuidarla a tiempo completo.
Claro que, entre los motivos de su renuncia, también pesaba su remordimiento. Después de todo, había aceptado dinero de Esther para soltar una sarta de mentiras.
Cuando el mayordomo le dio excusas absurdas para impedirle irse tras presentar su renuncia, un mal presentimiento se instaló en su pecho.
Al cruzar la puerta, la expresión de Manuel era sombría. Se quitó la chaqueta del traje, la arrojó a un lado y clavó una mirada gélida en Paola.
No dijo una sola palabra. Ese silencio sepulcral, como una tortura invisible, alteró aún más los nervios de Paola, quien comenzó a retorcerse los dedos sin darse cuenta.
Manuel observó cada una de sus reacciones.
Cuando consideró que la tensión había llegado a su punto máximo, habló con voz pausada: —Habla. ¿Qué tienes que confesar?
—Señor, no sé de qué está hablando. No lo entiendo —respondió Paola, con la voz temblorosa.
—¿De dónde sacaste el dinero para la cirugía de tu hija? —preguntó Manuel con exasperante lentitud y un tono amenazante. Estaba esperando que ella misma se delatara.
Desde que la sospecha cruzó su mente, apenas había pasado medio día. En realidad, no tenía pruebas de nada; solo estaba faroleando.
Paola se estremeció al escucharlo.
—Si no vas a hablar, llamaré a la policía. Sería una lástima que pasaras unos días en la comisaría... me pregunto quién cuidará de tu hija durante ese tiempo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La doble vida de la esposa traicionada