Hasta ese momento, ella no había sentido una conexión especial con esa pequeña vida que había llegado tan de repente. Pero justo ahí y en ese instante, experimentó la magia del instinto maternal.
No sabía cómo explicarlo, solo sentía que quería ser mucho más fuerte para darle a su bebé muchísimo amor.
Por eso se animó a ser ella quien sacara el tema del bebé con César.
César contempló el suave rostro de Eliana, sintiendo en ese momento una paz y una felicidad incomparables. El clima de ese día dejaba caer una llovizna muy fina que no llegaba a mojar, lo que le daba al zoológico un aire especialmente tranquilo.
Como era un día laboral, había muy pocos visitantes; en la zona donde se encontraban solo estaban ellos dos, y él sentía como si ella fuera todo su mundo.
Pero mientras más feliz se sentía, mayor era el pánico que le devoraba el pecho.
El doctor le había dicho que el embrión en el vientre de Eliana no era viable y que debían interrumpir el embarazo lo antes posible para no poner en riesgo la vida de la madre.
Frente a la ilusión de Eliana por el futuro, no tuvo el valor de responderle con franqueza.
Ese bebé también era suyo, y él lo anhelaba tanto como ella. En su mansión, ya tenía lista la habitación que había decorado sin pegar el ojo toda la noche, repleta de artículos de maternidad escogidos con sumo cuidado.
Su corazón se desgarraba de dolor, pero no podía permitirse demostrarlo. Con la voz ronca, le dijo: —Con tenerte a ti, mi niña rebelde, ya tengo suficiente para preocuparme toda la vida. Si tuviéramos un hijo y saliera con tu carácter, creo que me volvería loco de tanto estrés.
Eliana no captó la oscuridad detrás de sus palabras y, creyendo que bromeaba, levantó el rostro: —Pues si el bebé saca tu carácter, la que va a sufrir soy yo. ¡Seguro será un cubo de hielo igual de callado que tú desde pequeñito!
Mientras hablaba, acariciaba su vientre con inmensa ternura, con los ojos brillando de amor. Al verla así, la sombra en el corazón de César se volvió más asfixiante.
No podía rendirse solo con el diagnóstico de un médico. Aunque tuviera que remover cielo y tierra y buscar a los mejores expertos de todo el mundo, iba a salvar a ese bebé.
Pero antes de lograrlo, Eliana no podía enterarse de nada para no agobiarla en vano.

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