—No me atrevo a mirar, Val. Me preparé mentalmente mil veces, pero ahora que llegó el momento, siento que no estoy lista —confesó Eliana, con la voz quebrada.
Valeria le acarició el cabello con ternura.
—Tranquila, yo lo miro por ti y te digo qué salió.
Eliana asintió, dándose la vuelta de inmediato para no mirar en esa dirección.
Valeria entró al baño y tomó la prueba. Al ver el resultado, se quedó en silencio un segundo y luego la tiró al bote de basura.
—¿Cuál es... el resultado? —preguntó Eliana con el corazón en la garganta, sintiendo cómo el silencio de su amiga la asfixiaba.
Valeria hizo una pausa y, de repente, esbozó una gran sonrisa.
—¡Amiga, no estás embarazada! ¿No te alegra? Ya no tienes que preocuparte por tomar decisiones difíciles.
Eliana levantó la cabeza de golpe, con el rostro lleno de incredulidad. Su voz salió aguda por la tensión acumulada.
—¿Es en serio? Val... ¿estás segura de que viste bien? No me estás mintiendo, ¿verdad?
—¿Cómo crees que te mentiría con algo así? —respondió Valeria, forzando una sonrisa, aunque sus ojos esquivaron los de su amiga, delatando su nerviosismo.
—Qué alivio... qué bueno que no estoy embarazada —susurró Eliana, forzando las comisuras de sus labios. Pero antes de que la sonrisa pudiera formarse del todo, gruesas lágrimas comenzaron a caer sin control, estrellándose contra el suelo.
—¿Cómo es que no lo estoy? ¿Cómo es posible? Si tenía todos los síntomas... así que de verdad no hay bebé —murmuraba Eliana, secándose las lágrimas frenéticamente, con la voz ahogada—. Debería estar feliz, ¿verdad? Ya no tengo que pensar en abortar... debería estar saltando de alegría.
Parecía intentar convencerse a sí misma, repitiéndolo una y otra vez. Pero cuanto más lo decía, más desgarrador era su llanto.
A Valeria se le partió el alma al ver su reacción. Tomó las manos heladas de su amiga y le preguntó con suavidad:
VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La doble vida de la esposa traicionada