Manuel no esperaba que ella tuviera la audacia de contactarlo.
Desde aquella noche en el hotel, él y Ricardo Garza habían desplegado hombres por todo Valdemar buscándola. ¡Y ahora ella aparecía por su propia cuenta!
Estaba a punto de marcar el número de Ricardo, cuando le entró un segundo mensaje: [Sé exactamente dónde está la verdadera Ei-ei en este momento. Si le dices a Ricardo mi ubicación, jamás volverás a verla.]
Esther sabía que Manuel estaba obsesionado con Ei-ei, y esa información era la correa con la que podía dominarlo.
La enemistad entre ella y su hermano Ricardo ya era a muerte. No podía arriesgarse a caer en sus manos; Ricardo tenía métodos persuasivos que harían hablar a cualquiera.
El mensaje paralizó a Manuel por completo.
[De acuerdo.]
Acordaron encontrarse en La Finca Mirador. Era el territorio de Manuel, por lo que no temía que ella intentara ningún truco sucio. Esther subió al auto que él envió y se dirigió a la mansión.
Se había arreglado con cuidado para lucir como la dulce e indefensa chica de siempre. Al verla, Manuel se quedó paralizado un segundo; desde cierto ángulo, realmente se parecía a Eliana.
Qué ironía. Él sabía perfectamente que durante años todos pensaron que Eliana era solo un premio de consolación, la sombra de Esther, y nunca se había molestado en desmentirlo.
Y ahora, era Esther la que le parecía una copia barata de Eliana.
Sacudió la cabeza para aclarar sus pensamientos, la miró fijamente y, en un parpadeo, la acorraló agarrándola del cuello: —¿Tienes el descaro de venir aquí?
¡Esa mujer no solo le había arrebatado a Ei-ei, sino que lo había manipulado para que empujara lejos a Eliana!

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