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La doble vida de la esposa traicionada romance Capítulo 210

César recurrió a toda la fuerza de voluntad que le quedaba en la vida para hacerle una última prueba: —¿Y qué hay de tu esposo? Si el que estuviera hoy aquí fuera tu esposo, ¿lo aceptarías?

—¿Esposo? —Eliana lo miró con absoluta confusión, y luego, como si temiera que él volviera a empujarla, se apresuró a negar con ansiedad—: No tengo esposo, yo... estoy soltera.

Al escuchar esas palabras, César sintió que mil fuegos artificiales estallaban en su mente. El último hilo de su cordura se rompió por completo. Incapaz de contenerse un segundo más, se inclinó sobre ella.

Eliana dejó escapar un suspiro de profundo alivio; el calor sofocante de su cuerpo encontró la frescura de un manantial en medio del verano.

Dos horas después.

El médico llevaba más de una hora esperando frente a la suite presidencial, casi sin atreverse a respirar.

Lo habían sacado de la cama en mitad de la noche. Creía que al líder de los de Soto le había ocurrido alguna emergencia médica de vida o muerte, pero terminó cruzando miradas incómodas con Luis en el pasillo durante todo ese tiempo.

Sin embargo, ¿quién se atrevería a cuestionar a la persona que estaba al otro lado de la puerta? Solo le quedó sujetar su maletín médico y esperar en silencio.

Con un suave chasquido, la puerta finalmente se abrió. César, envuelto en una bata oscura de seda, habló con la voz áspera y ronca de quien acaba de tener intimidad: —Pasa a revisarla. Asegúrate de que esté bien.

El aire de la habitación estaba impregnado con el aroma evidente de la pasión, pero ambos hombres entraron con la mirada clavada al frente, fingiendo ignorarlo.

Eliana estaba acurrucada bajo las gruesas sábanas, sumida en un sueño profundo. Su cuerpo estaba completamente cubierto; solo un brazo pálido asomaba para que el doctor pudiera revisarle los signos vitales.

César permanecía junto a la cama, contemplando la tranquilidad de su rostro dormido.

—Ya está fuera de peligro. El efecto de la sustancia prácticamente se ha disipado y el cuerpo se encargará de metabolizar lo que quede. Solo asegúrese de que la señorita Lamas beba mucha agua cuando despierte —indicó el doctor en tono profesional, concentrado estrictamente en su labor.

Capítulo 210 1

Capítulo 210 2

Capítulo 210 3

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