Apenas las primas vieron a Regina, comenzaron a adularla sin vergüenza:
—¡Regina, te ves espectacular esta noche! Esta sí que es la verdadera presencia de la heredera de la familia Guerrero.
—Así es. Por cierto, ¿qué antecedentes tiene la supuesta "protagonista" de hoy?
—¿Qué antecedentes va a tener? Es solo una campesina que acaba de llegar a la ciudad —comentó con voz aguda Catalina Guerrero, una de las primas de la rama secundaria—. Después de todo, no creció en la familia Guerrero. Apuesto a que todavía apesta a pobreza.
Mientras hablaba, Catalina observaba de reojo la reacción de Regina. Al ver que no la reprendía, sino que mantenía una ligera sonrisa, supo que había dado en el clavo.
—Con este nivel de lujo, seguro que esa chica ni siquiera ha visto en su vida los ingredientes de la cena de hoy —añadió otra, y todas estallaron en risas burlescas.
—Oye, Regina, ¿dónde está la verdadera protagonista? —preguntó otra chica, mirando a su alrededor sin encontrar a nadie que pareciera importante.
Regina lanzó una mirada disimulada hacia las puertas principales, donde se encontraba Eliana. Todas siguieron su mirada y solo lograron distinguir una silueta de espaldas.
El grupo se quedó en silencio por un instante. Incluso sin verle el rostro, la elegancia natural que irradiaba aquella figura era imposible de ignorar.
—Tsk, con esa falta de clase, hasta la alta costura parece prestada en ella. No puede ocultar lo de pueblo que es —murmuró Catalina, sintiendo que la envidia la corroía por dentro. Aunque era de una rama menor de la familia y nunca le había faltado dinero, no tenía acceso a vestidos de alta costura a su antojo. Tenía que adular a Regina constantemente para que le regalara algún bolso de diseñador, mientras que esa forastera obtenía todo lo que ella soñaba sin el menor esfuerzo.
Regina, habiendo disfrutado lo suficiente de ser el centro del universo, habló por fin con su característico tono suave y benevolente:
—Ya basta, chicas. Todas somos familia ahora, debemos llevarnos bien. Voy a saludar a uno de nuestros invitados de honor.
A lo lejos, el Señor Campos, presidente de la Cámara de Comercio de Valdemar, acababa de cruzar la puerta principal. Los ojos de Regina brillaron y caminó hacia él con una gracia estudiada.

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