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La doble vida de la esposa traicionada romance Capítulo 170

¡¿Ni siquiera un brazo o una pierna rota?! Un destello de decepción cruzó por los ojos de Regina. Pero bueno, al menos el objetivo principal se había cumplido.

Satisfecha con el resultado de su pequeña obra, Regina no tenía intención de quedarse más tiempo. Tras soltar un par de frases vacías de consuelo, se dio la vuelta para marcharse. Al salir, volvió a sentir la mirada clavada de Pedro en su espalda, y soltó una burla mental; qué iluso, un sapo queriendo alcanzar a un cisne.

En cuanto Regina salió por la puerta, Eliana sacó su teléfono; la pantalla mostraba que había estado grabando todo el tiempo. Pedro la miró, sin saber qué decir: —¿Así de fácil... se delató sola?

Eliana sonrió levemente. Ese pequeño "¿Y el otro?" que Regina dejó escapar la había expuesto por completo como la mente maestra. Después de todo, Eliana jamás le había mencionado a nadie que hubiera dos personas en aquel vehículo.

Sin perder un segundo, le envió la grabación directamente a Don Octavio. Retrasar las cosas solo daba lugar a imprevistos; si había una cuenta pendiente que podía cobrarse en el momento, Eliana no iba a dudar en hacerlo.

Ya en los pasillos del hospital, Regina decidió no dejar cabos sueltos. Buscó al médico de guardia y, poniéndose su mejor máscara de angustia, preguntó: —Mi hermana, la paciente de esa habitación... ¿está muy grave? Estoy aterrada.

El médico echó un vistazo hacia donde señalaba Regina, recordó el teatrito que Eliana había montado al llegar, y suspiró con una mezcla de exasperación y diversión: —Ah, esa jovencita... Yo creo que sí debe estar bastante mal. Necesitaremos hacerle muchos estudios para saber qué le pasa exactamente. Tan joven y...

Antes de que el médico pudiera terminar la frase, Regina se alejó, sintiéndose victoriosa. Por eso no llegó a escuchar el final de la oración: —Tan joven y completamente sana, pero empeñada en quedarse aquí colgada de un suero falso. Creo que los exámenes que necesita son de la cabeza.

Poco después de que Regina se fuera, unos pasos apresurados resonaron en el corredor. César empujó la puerta de golpe, trayendo consigo el aura gélida de la nieve y el viento del exterior.

Al enterarse por teléfono a través de Pedro que Eliana estaba en el hospital, la ansiedad lo consumió. Sin paciencia para escuchar las explicaciones completas de su chofer, había conducido a toda velocidad, saltándose límites y semáforos, hasta llegar allí.

Eliana, creyendo que Regina había vuelto para cerciorarse de algo, se lanzó a la cama a la velocidad de la luz y apretó los ojos con fuerza.

Lo primero que César vio al entrar fue el rostro pálido de Eliana sobre la almohada, y el corazón se le encogió en el pecho.

Pero luego notó un detalle: bajo sus párpados cerrados, los ojos de Eliana se movían frenéticamente.

Capítulo 170 1

Capítulo 170 2

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