Entrar Via

La doble vida de la esposa traicionada romance Capítulo 159

Fue Zoe quien lanzó el primer dardo, con la voz cargada de sarcasmo:

—Cuñada, qué maravilla lo de Regina últimamente. Ganando premios y todo eso. Pero, si me preguntas, creo que las mujeres de nuestra clase no deberían andar de arriba a abajo haciendo tanto ruido público; deberían estar en casa, cuidando su reputación.

Yolanda soltó una risita burlona.

—Ay, te entiendo perfecto. Cuando se tiene a una hija tan brillante y con convicciones propias, una no deja de preocuparse. No es como en tu caso, que tienes la bendición de tener a Gustavo. Solo se dedica a gastar el dinero de la familia en la calle. No tienes que preocuparte por su intelecto ni por sus metas. Te envidio tanto.

Zoe apretó los dientes, poniéndose pálida de rabia.

Dio media vuelta y de inmediato llamó a su hijo para exigirle que le dijera dónde estaba.

—Ya voy, ya voy, estoy cerca —respondió Gustavo con fastidio. Mientras hablaba, empujó a la mujer que tenía encima y se levantó para vestirse.

—Más te vale que hoy te comportes. No dejes que Regina te gane protagonismo. Y si el abuelo te pregunta por la empresa, dile que acabas de cerrar un proyecto enorme. ¿Me escuchaste? —le susurró su madre, cortante.

—Que sí, mamá. Qué estrés —gruñó él, subiéndose los pantalones.

La mujer en la cama intentó detenerlo con una mirada seductora, pero Gustavo la ignoró. Le hizo un gesto de despedida, le transfirió una generosa suma de dinero y bajó las escaleras bajo la mirada extasiada de su conquista de la tarde. Subió a su ostentoso auto deportivo descapotable y salió quemando llanta.

En la mansión, ambas familias entraron al gran salón principal.

En el asiento de honor, Don Octavio bebía té con el rostro imperturbable. Pero lo que dejó a todos helados fue que, sentada a su derecha, había una joven desconocida.

Parecía tener la misma edad que Regina.

Llevaba el cabello recogido de forma casual y su rostro sin maquillaje tenía una tez luminosa y radiante. Emanaba un aura de sofisticación silenciosa, casi inalcanzable. Aunque vestía ropa deportiva sencilla, estaba sirviéndole el té a Don Octavio con una gracia tan elegante que sus movimientos parecían poesía visual.

—Padre —saludaron todos a la vez. Aunque sus mentes eran un hervidero de dudas, mantuvieron las apariencias.

Zoe y Yolanda intercambiaron una mirada rápida.

Capítulo 159 1

Capítulo 159 2

Verify captcha to read the content.VERIFYCAPTCHA_LABEL

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La doble vida de la esposa traicionada