—Sugiero que publique una actualización en sus redes sociales, compartiendo lo feliz que es su vida matrimonial con su esposa, preferiblemente con fotos y videos.
Al escuchar esto, Manuel frunció el ceño profundamente.
Por instinto, comenzó a buscar en la galería de su teléfono, pero sus dedos se congelaron al tocar la pantalla.
Llevaba tres años casado con Eliana Lamas, pero no tenían ni una sola foto ni video juntos. Nunca habían ido a ningún lado, ni siquiera habían tenido una verdadera cita.
—El siguiente —ordenó Manuel con tono frío.
—Señor Romano, creo que podría mostrar públicamente su afecto por su esposa un par de veces más. Por ejemplo, interactuar mucho con ella en las redes sociales.
El ceño de Manuel se frunció aún más.
Sintió una profunda tristeza al darse cuenta de que ni siquiera sabía si Eliana tenía redes sociales, y mucho menos si se seguían o habían interactuado alguna vez.
—El siguiente.
—Señor Romano, creo que la solución más rápida es enviar cartas de cese y desista a las cuentas que originaron los rumores. Las mandamos una por una, en cadena. Le aseguro que en poco tiempo nadie se atreverá a hablar del tema.
—... Lárguense —masculló Manuel, cerrando los ojos.
Al final, Manuel decidió optar por la primera estrategia. Aunque no tenían fotos antiguas, siempre podían tomárselas ahora.
Con el plan decidido, todos abandonaron la oficina, dejándolo a solas. La transición del bullicio al silencio absoluto fue casi instantánea. Con todo lo que había ocurrido, cualquier rastro de sueño había desaparecido por completo.
El asunto con Ei-ei había llegado a un punto crítico.
Aunque la cruda verdad le había desgarrado el alma, no le quedaba más opción que aceptarla. De nada servía culparse.
En ese momento se dio cuenta de algo amargo: durante todo este tiempo había ignorado por completo a Eliana.
Cuando la fusión empresarial terminara, se encargaría de compensarla adecuadamente.
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