—Por favor, Señor Romano, revise que todo esté en orden y luego firme aquí—, indicó el mesero con cortesía impecable.
Manuel no se molestó en abrir las cajas para revisar el contenido. En subastas de este calibre, rara vez se cometían errores en la entrega.
Pero justo cuando estaba a punto de firmar, se detuvo en seco al ver el nombre de Eliana ya escrito en el papel.
—¿Qué ocurre? ¿Hay algún problema con los artículos?— Eliana intervino de inmediato, hablando con un tono de voz preciso para que los invitados de las mesas cercanas la escucharan y voltearan a ver la escena.
Sintiendo las miradas curiosas clavadas en él y desesperado por no hacer el ridículo en público, Manuel apretó los labios y firmó el documento sin chistar.
Eliana sonrió para sí misma de manera casi imperceptible.
Carmen se lo había confirmado: mientras su nombre estuviera como receptora y el documento estuviera firmado, esos artículos se convertirían legalmente en su propiedad personal.
Esa noche había sido un rotundo éxito para todos. Cada asistente había conseguido exactamente lo que buscaba, cumpliendo a la perfección el dicho de que —tanto el anfitrión como los invitados se van contentos—.
Al finalizar, Manuel insistió en llevar a Eliana a casa.
—Estamos a las afueras de Valdemar, te costará mucho trabajo encontrar un taxi. Además, ¿qué pensaría la gente si me ven irme y dejarte aquí sola?— Las palabras de Manuel neutralizaron de inmediato la negativa que Eliana estaba a punto de pronunciar.
Él ya había comprendido que la forma más rápida de doblegar a Eliana era apelando a la imagen de la familia Romano. Al pensar en esto, su mirada se suavizó.
*Mi Eliana sigue siendo tan considerada. Incluso cuando está molesta conmigo, siempre pone a los Romano en primer lugar.*, pensó, reconfortado.
Al salir, Manuel le abrió la puerta del asiento trasero con caballerosidad, e incluso protegió su cabeza con la mano para evitar que se golpeara al entrar.



VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La doble vida de la esposa traicionada