Había que reconocer el talento del presentador para adornar la verdad con palabras elocuentes, pues su discurso logró captar la atención de gran parte de la sala. Los invitados comenzaron a murmurar entre ellos.
—La verdad es que la obra es magnífica. Tiene un enorme potencial como inversión—.
—Fíjate en los detalles de las alas de la cigarra; la forma en que los colores se degradan captura a la perfección el flujo del aire y el juego de la luz—. La voz de Esther Garza sonó con el volumen exacto para que los que la rodeaban pudieran escucharla. —Incluso en el tratamiento del follaje, se nota la influencia del estilo del Maestro Monet, utilizando grandes bloques de color para representar objetos complejos de manera meticulosa—.
—Es cierto, una obra exquisita—, comentaron a su alrededor, asintiendo con aprobación. Esther sonrió, inflada de orgullo por su intervención.
En su asiento, Eliana escuchaba todo sintiendo una vergüenza ajena tan profunda que habría querido que la tierra se la tragara. Jamás imaginó que un análisis tan rimbombante y absurdo viniera precisamente de Esther.
Pero la mayoría de los asistentes formaban parte del círculo cercano a la familia de Soto, por lo que sabían perfectamente que a César de Soto le fascinaba ese estilo de pintura.
No era un secreto para nadie que alguien había traído esa obra específicamente para adularlo y utilizarla como llave de acceso a la poderosa familia de Soto.
Cuando anunciaron el precio de salida, un par de personas levantaron la paleta más por cortesía que por interés. Siguiendo la dinámica habitual en estos casos, todos esperaban que César hiciera su oferta para dejar claro quién sería el dueño de la pintura.
Regina Guerrero también se tensó al ver una obra de Rose en la subasta. Recordó cuando investigó a la artista y apenas encontró información; asumió que César simplemente la compraba como inversión o para su colección privada.
—Doscientos cincuenta mil—, resonó la voz profunda e imponente de César.
Eliana dejó escapar un suspiro de alivio. Afortunadamente. La pintura había sido adquirida inicialmente por Manuel por cinco millones. Cualquiera que preguntara podría averiguar esa cifra. Pero en aquel entonces lo hizo movida por rencores personales y no quería que el valor de sus obras bajo el seudónimo de Rose se inflara de manera artificial.


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