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LA DESAFIANTE ESPOSA DEL JEQUE ¡Embarazada por error! romance Capítulo 72

C72- AMERICANO

Yasmine llegó al Four Seasons con el paso más rápido que le permitía su abaya sin llamar la atención.

El hotel era exactamente lo que esperaba: mármol blanco, personal impecable, el tipo de silencio caro que solo existe en los lugares donde el dinero no se discute. En Riad, los hoteles de esta categoría funcionaban con una discreción casi quirúrgica. Los huéspedes internacionales llegaban, se instalaban en sus suites y el personal no hacía preguntas.

Nadie preguntaba quién visitaba a quién, siempre que todo se mantuviera dentro de los límites que la ley saudí establecía con claridad.

Yasmine lo sabía.

Pero también sabía que una mujer saudí subiendo sola al piso de un huésped extranjero era exactamente el tipo de cosa que podía malinterpretarse si alguien quería malinterpretarla.

Para poder llegar a él, Mariam le había enviado el mensaje a Baron y él había respondido con el número de suite.

Eso tendría que ser suficiente.

Subió en el ascensor con la espalda recta y las manos entrelazadas frente a ella, fingiendo dureza. Pero por dentro era otra historia, conocía perfectamente el costo de lo que estaba haciendo y si alguien la reconocía, si esto llegaba a oídos equivocados, su nombre aparecería en una conversación que no quería protagonizar.

Pero Mariam era su amiga.

Y Mariam estaba sola con un problema que podía destruir a un hombre y arrastrarla a ella en el proceso.

Así que siguió caminando y cuando llegó llamó a la puerta de la suite con tres golpes firmes.

Esperó, la puerta se abrió, y ella abrió la boca para hablar pero no salió nada.

El hombre que tenía delante no era lo que había imaginado cuando Mariam dijo mi amigo americano.

Era alto, rubio, con unos ojos azules que cortaban y una mandíbula que parecía tallada con demasiada precisión para ser casual. Llevaba una camisa blanca con los primeros botones abiertos y el ceño fruncido de alguien a quien acababan de interrumpir algo importante.

«Perdóname, Alá, por tener esos pensamientos.»

Y mientras ella trataba de asimilar al hombre que tenía delante, Baron la miró de arriba abajo con el ceño fruncido.

—¿Tú quién eres?

Yasmine salió de su estupor. Y entró a la suite sin esperar invitación.

—Oye. —Baron se giró—. Pregunté quién eres.

Yasmine se dio la vuelta y lo miró directo.

—Mariam no va a venir. —Lo dijo sin preámbulo y con una frialdad absoluta—. Se queda con Zayd porque lo ama y va a tener un hijo suyo. Así que toma tu jet, tus juguetes americanos y vete de mi país antes de que Zayd te entierre vivo.

Baron no se movió durante dos segundos.

Luego algo cambió en su cara, no fue gradual, fue el momento exacto en que las piezas encajaron, en que procesó cada palabra y entendió lo que significaban juntas. En dos zancadas estaba frente a ella, con las manos cerrándose alrededor de sus brazos.

—¿Quién eres? ¿Dónde está Mariam?

—Suéltame. —La voz de Yasmine no subió ni un tono—. Suéltame ahora mismo, americano. ¿O acaso olvidaste dónde estás y cuáles son las normas de este país?

Baron la soltó, pero no retrocedió.

Porque acababa de descubrir que el amigo de su amiga era un terco que solo esperaba la muerte. Se acomodó la abaya con un movimiento brusco, giró sobre sus talones y salió de la suite sin decir nada más, cerró la puerta detrás de ella con más fuerza de la necesaria.

En el ascensor, sola, apoyó la espalda contra la pared de espejo y cerró los ojos.

Respiró.

«Esos ojos azules no son tu problema, Yasmine. Concéntrate.»

Se miró en el espejo y se reprendió en voz baja.

—Ya hmar. (Idiota)

Pero los ojos azules seguían ahí, grabados con una precisión que no había pedido y que no sabía qué hacer con ellos, sacudió la cabeza cuando las puertas se abrieron al lobby.

—Mariam —murmuró mientras caminaba rápido hacia la salida—, esto está peor. Mucho peor. Y no tengo ni idea de cómo va a terminar.

Aceleró el paso hacia las puertas de cristal del lobby. Tenía que encontrar una solución, tenía que decirle que Baron no había cedido ni un milímetro, que las veinticuatro horas eran reales y que necesitaban un plan antes de que amaneciera.

Estaba a un paso de salir, cuando…

—¿Yasmine?

Se congeló y el corazón se le detuvo antes de que el cerebro procesara la voz, se giró despacio.

Era Hazem Al-Rashid, el primo de Zayd.

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