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LA DESAFIANTE ESPOSA DEL JEQUE ¡Embarazada por error! romance Capítulo 73

C73- CÁSATE CONMIGO

Yasmine se giró y lo saludó con la misma calma con la que hubiera saludado a cualquier conocido en cualquier evento social de Riad.

—Hazem, qué sorpresa. Pensé que estarías en algún lugar de Europa, como siempre.

Hazem sonrió, le dio esa sonrisa suya de playboy refinado que funcionaba en todas partes menos con las mujeres que lo conocían de verdad.

—Europa se cansa. —Se acercó con las manos en los bolsillos, relajado, sin prisa—. Riad siempre tiene algo más interesante. —Hizo una pausa breve—. ¿Y tú? ¿Qué haces aquí, Yasmine? ¿De dónde vienes?

Ella no dejó que la pregunta le cambiara la cara.

—Vine a ver a una amiga que se hospeda aquí. —Lo dijo con la naturalidad suficiente para que sonara aburrido—. Nada emocionante. Ya sabes cómo son estas cosas.

Hazem frunció el ceño y sus ojos bajaron hacia sus manos, hacia la manera en que los dedos de Yasmine se habían cerrado ligeramente contra la tela de la abaya, y algo en su expresión se afiló.

—Claro —dijo, sin moverse.

Yasmine se acomodó el bolso.

—Debo irme. Fue un placer, Hazem.

Se giró.

—Lo sé todo.

Ella se quedó paralizada.

El lobby seguía funcionando a su alrededor, el personal en recepción, los huéspedes cruzando hacia los ascensores, el sonido suave de la música instrumental que los hoteles de lujo ponían para llenar el silencio.

Todo normal. Todo igual.

Pero las palabras de Hazem le habían caído en el pecho como una piedra.

«Alá. Alá.»

Hazem se puso delante de ella antes de que pudiera moverse.

—Sé lo de tu matrimonio —dijo, con la voz más baja—. Sé que tu madre planea casarte con ese hombre.

Yasmine lo miró.

Por un lado, el alivio fue físico, inmediato, casi vergonzoso en su intensidad. No sabía nada de Baron. No sabía nada del hotel ni de Mariam ni de las veinticuatro horas que estaban corriendo en este momento. Pero ese alivio duró exactamente dos segundos, porque lo que siguió fue otra cosa completamente distinta: la certeza de que su vida personal era aparentemente tema de conversación en cada majlis de Riad.

Tragó.

—No quiero hablar de eso.

—Yasmine. —Hazem dio un paso más. Sabía que no debía, pero lo hizo de todas formas—. Cásate conmigo.

Retrocedió un paso.

—Gracias, Hazem. —Lo dijo en serio, sin crueldad—. De verdad.

Él abrió la boca.

—Pero no.

—Yasmine...

—El hombre que se case conmigo —lo interrumpió— tendrá que jurarlo con la mano sobre el Corán. Monogamia. Firmada. Sin excepciones, sin Misyar y sin segundas esposas discretas en Dubái. —Lo miró directo a los ojos—. Y dudo mucho que tú seas capaz de eso.

No esperó su respuesta.

Se giró y caminó hacia las puertas de cristal del hotel.

Hazem se quedó donde estaba.

La miró alejarse con la mandíbula apretada y algo en el pecho que no supo cómo clasificar. No era solo el orgullo herido de un hombre al que rara vez le decían que no.

Era algo más incómodo que eso.

Algo que se parecía demasiado a que ella tuviera razón, apretó los dientes y la siguió mirando hasta que las puertas se cerraron detrás de ella.

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