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El Valiente Renacer de una Madre Soltera romance Capítulo 670

El asco era tan intenso que a cualquiera le recorría un escalofrío por la espalda.

Sofía se obligó a controlar las náuseas, miró a Rafael fijamente y soltó:

—Entonces dime, ¿cuáles son tus condiciones?

Por fin, ambos dejaron de fingir y de jugar a las adivinanzas. Rafael, ahora más relajado, alzó las manos con indiferencia.

—Es muy sencillo. Yo no soy como Oliver, ese tonto que quiere tragarse el mundo de un solo bocado. Solo necesito que, cuando tomes el control de la familia Santana, me ayudes a convertir a Olivetto en la empresa número uno.

—Aplastando a Santiago bajo nuestros pies —añadió con una sonrisa torcida—. Eso también te sirve de venganza por lo de hace un año.

Sofía no supo en qué momento Rafael se había puesto de pie, ni cómo había llegado detrás de ella. De pronto, sintió el aliento de Rafael rozando su cuello, tan cerca que la piel se le erizó.

Sofía se apartó con rapidez, manteniendo la distancia y una mirada cortante.

—Presidente Garza, si usted ya tiene sus propios planes, no venga a meterme en su juego.

Esta vez, Rafael se detuvo. Ya no quiso acercarse más. Se dejó caer en el respaldo del sillón, suspirando largo, como si de pronto todo el peso se le hubiera ido del cuerpo.

—Sofía, ¿por qué te empeñas en no creer en mis verdaderos sentimientos?

La miró con una intensidad fingida, como si en su mirada hubiera un océano de emociones y algún anhelo secreto.

Pero Sofía ni se inmutó.

—¿Sentimientos? —le replicó con una sonrisa suave, como si platicara sobre el clima—. Ya lo dije antes: si tienes que elegir entre mí y tu futuro, presidente Garza, tú ni lo piensas. Personas así no deberían hablar de sentimientos.

Sofía mantuvo su sonrisa apacible, pero sus ojos no reflejaban ninguna calidez.

Rafael la miró de vuelta; sus miradas chocaron, y de repente él también sonrió.

—Sofi, hace un año era igual. Y ahora, mi corazón sigue siendo el mismo. Solo me adapto a lo que la vida me pone enfrente. No tiene por qué ser contradictorio.

Se acercó despacio, arrinconándola en el sofá. En sus ojos brilló un destello de triunfo al ver la cautela en la mirada de Sofía.

Se inclinó hacia ella, tan cerca que su respiración rozó los cabellos de Sofía. Parecía un animal acechando a su presa, oliendo el miedo y la incertidumbre.

Sofía intentó levantarse de golpe para zafarse, pero una mano la retuvo y la obligó a quedarse sentada.

Rafael cerró los ojos, como si pudiera ver con la frente. Aspiró profundamente el aroma de Sofía y exhaló despacio, saboreando el momento.

—Sofía, ¿por qué no puedes verme de verdad? Si consigo un mejor futuro, podré protegerte. Puedo darte la vida que mereces, ¿no es eso lo que quieres?

Sofía sintió que la arcada le subía por la garganta, a punto de salir disparada en cualquier momento.

Aun así, se mantuvo firme. Giró el rostro y dijo con voz tensa:

—Acepto tus condiciones. Ahora déjame llevarme a la gente.

Rafael se enderezó y se encogió de hombros.

—Haz lo que quieras.

En cuanto él terminó de hablar, los dos guardaespaldas que tenían sujetado a Lázaro por los brazos lo soltaron.

Sofía frunció el entrecejo, mirando a Rafael con desconfianza, antes de acercarse a Lázaro y tomarlo del brazo.

Pero Lázaro, con las manos temblorosas, le apretó la muñeca y, con los ojos húmedos, suplicó:

—Señorita Sofía, ¡también a mi esposa, por favor!

Sofía siguió su mirada y volteó hacia Rafael.

Rafael se encogió de hombros, como si nada le importara.

—Lázaro es el adelanto. Su esposa es el pago final. Si te los doy a los dos de golpe, ¿y si me quedo sin garantías?

Capítulo 670 1

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