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El Valiente Renacer de una Madre Soltera romance Capítulo 626

Maite se tomó un momento para pensar, eligiendo cuidadosamente sus palabras.

Lázaro, por su parte, no sabía si era porque el recuerdo de la traición de Oliver le venía a la cabeza, pero hasta parecía alterado.

—Te puedo ayudar, pero tienes que jurarme que mi esposa y mi hijo van a estar fuera de peligro.

Lázaro apretó los dientes con fuerza.

Si hubiera sabido que por una ganancia tan miserable iba a meterse en tantos líos, y que hasta su esposa e hijo saldrían perjudicados… Cuando Oliver fue a buscarlo, debió haberlo echado a escobazos de su casa.

—Ya te lo prometí antes.

Sofía respondió con un tono tranquilo.

Apenas escuchó esto, Lázaro sintió que todo el cuerpo se le aflojaba. Soltó una risa aliviada, incluso con un aire de broma ligera:

—Tú eres la hija de Oliver.

La expresión de Sofía, que siempre parecía imperturbable, por fin cambió. Frunció el entrecejo y le respondió:

—No lo soy.

Lázaro se quedó viendo la cara de Sofía por un buen rato, como intentando descifrar algo. Al final, su sonrisa desapareció y se puso serio.

—Sí, la verdad es que no tienes nada que ver con él.

—¿Y ahora qué quieres que haga?

Sofía, viendo que ya habían llegado a un acuerdo, se levantó:

—Espera a que yo te avise. Cuando llegue el momento, yo te busco.

—Por ahora, quédate con ellos —añadió, señalando a Liam y a Antonio.

Lázaro miró primero a Antonio, que tenía ese aire de travieso y despreocupado, y se le torció la boca. Pero cuando vio a Liam, por fin se tranquilizó.

Ya que se repartieron los lugares para quedarse, Lázaro y su esposa siguieron a Liam y Antonio, subieron al carro y se marcharon. Esther y Maite, que ya llevaban toda la noche ahí, tampoco pensaban quedarse más tiempo.

Especialmente Esther.

Desde hacía un rato, cada tanto miraba el reloj. Sofía, sin perder detalle, ya se había dado cuenta de esos movimientos.

Sofía levantó la mirada y la sostuvo en los ojos de Esther, con una seriedad que no dejaba lugar a dudas.

Después de lo que vivió con Santiago, no quería meterse en más enredos sentimentales.

Al ver la seriedad de Sofía, Esther asintió con determinación.

—Ya le hablé del tema. Y voy a repetirle lo que acabas de decir.

—Anda, ve a cuidarlo —dijo Sofía con un gesto, dándole permiso para irse.

Esther salió apurada.

...

Cuando llegó al hotel donde estaba Jasper, no importó cuánto tocara la puerta, nadie respondía.

Sin opciones, tuvo que abrir la puerta usando la llave de repuesto que tenía gracias al personal de seguridad.

Apenas abrió, se encontró con una habitación vacía. Todo estaba perfectamente ordenado, hasta las sábanas y las fundas de las almohadas eran nuevas, como si nadie hubiera dormido ahí.

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