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El Valiente Renacer de una Madre Soltera romance Capítulo 588

Maite dirigió la mirada hacia donde Sofía, notando en sus ojos un brillo filoso, casi como si pudiera atravesar cualquier mentira.

—¿Qué pasa, Sofía?

Había una pizca de duda en su voz.

En ese instante, un dedo delgado y blanco señaló un punto en el mapa que tenían sobre la mesa.

—Ustedes no están mal, pero los trabajadores de la fábrica no son como la mayoría de la gente que está pegada a las redes, al tanto de todas las noticias. Hasta podría estar Lázaro frente a ellos y ni lo reconocerían, ni sabrían nada de los escándalos en los que está metido.

Sofía habló despacio, su tono se sentía pesado, como si cada palabra llevara un lastre.

Y tenía razón. Si lo pensaban así, entonces tendrían que revisar muchísimos lugares, lo cual volvía mucho más difícil encontrar a Lázaro.

Al escucharla, la expresión de Maite también se volvió más seria.

Miró el lugar que Sofía había señalado: justo el límite entre el área de empleados y la zona de salida.

Sí, desde ese punto de vista, todo cuadraba.

—Entonces, si lo pones así, no va a ser nada fácil dar con Lázaro ni con el otro en poco tiempo.

Se notaba que también estaba sintiendo la presión.

Sofía apretó los labios, reflexionó un momento y decidió atacar por dos frentes.

—Maite, también es probable que estén en la administración, así que esa idea tuya de usar drones, hay que ponerla en marcha al mismo tiempo.

—¿Al mismo tiempo?

Maite repitió, mirando a Sofía.

—¿Tienes algún otro plan?

Sofía asintió.

—Por ahora solo se me ocurren dos opciones. Una: meter a alguien nuestro en la fábrica, porque si Lázaro está trabajando como un empleado más, tarde o temprano lo encontraremos. La otra: sacar a algún trabajador y preguntarle directo. Esta segunda sería más rápida, pero puede que no nos sirva de nada.

Luego miró a Maite y Esther.

—¿Tienen alguna otra idea mejor?

Maite y Esther se miraron, claramente incómodas.

—No.

Maite negó con la cabeza.

—Mejor hay que hacerte caso. Siento que la primera opción es más segura.

Esther estuvo de acuerdo y asintió también.

—Sí, la primera suena mejor.

Sofía empezó a jugar con sus dedos, pensativa.

—Entonces, necesitamos a alguien que se infiltre en la fábrica. ¿Alguna sugerencia?

—Ni Esther ni yo podríamos —dijo Maite tras pensarlo un rato—. Oliver suele ir a revisar la fábrica y ya nos ha visto a las dos. Pero si mandamos a alguien desconocido, no me sentiría tranquila.

Esther repasó mentalmente todos los rostros posibles, pero fue descartando uno tras otro. Al final, tenía el semblante tan apachurrado como una pasa.

Esther miró el reloj. Eran las cinco de la tarde.

—No pasa nada, ya casi es hora de cenar. Yo voy a despertarlo.

Le restó importancia y fue directo a la puerta.

Pero Olivia se le plantó enfrente, bloqueando el paso por completo.

Esther se fastidió.

—¿Es neta? ¿Lo haces a propósito?

Le lanzó una mirada dura.

Olivia ya no disimuló su molestia. Su voz se llenó de reproche y sus ojos, aunque hablaba con Esther, estaban fijos en Sofía.

—Desde que ustedes llegaron, el Dr. Gil no ha dormido bien. Se la ha pasado noches enteras en el laboratorio y apenas logra descansar, ya vienen otra vez a molestarlo.

Sofía frunció el entrecejo, algo sorprendida por lo hostil que era la asistente con ella.

—Entonces, cuando Marcos termine de descansar, nos avisas.

Sofía dio un paso atrás. A pesar de la mala actitud de Olivia, entendía que su preocupación por Marcos era genuina.

—No hace falta, ya estoy despierto.

Justo en ese momento, la puerta de la oficina se abrió desde dentro.

Marcos apareció con una camisa azul claro y el cuello arrugado, los ojos aún medio dormidos. Era obvio que acababa de despertar.

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