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El Valiente Renacer de una Madre Soltera romance Capítulo 553

El miedo le apretaba el pecho a Isidora. Sabía que con las heridas que traía encima no tenía cómo sacar ventaja, así que solo cuando escuchó el alboroto afuera logró soltar el aire contenido.

—¡Ya verán! ¿Se atreven a hacer escándalo en el hospital? Ninguna se va a escapar.

Alzó la barbilla con aires de triunfo, la mirada llena de soberbia.

La abuela, desde la esquina, no podía soportar esa expresión de Isidora, esa cara de niña mimada que se sentía victoriosa le resultaba insoportable, como si cada gesto suyo le arañara los ojos.

Intercambió una mirada cómplice con Julia.

Ivana todavía decía que en cuanto conocieran a su hija adoptiva la iban a querer.

¿Quererla? ¿Y si querer decir darle una buena zarandeada contaba?

La abuela apretó la mandíbula, fijando la vista en el moretón oscuro del antebrazo de Isidora.

¿Y ahora quién fue el justiciero o la justiciera que le dejó ese recuerdo? No le sorprendía que estuviera internada, bien merecido lo tenía.

Mientras en su interior rodaba los ojos, por fuera mantenía una expresión de absoluto desdén.

Julia, por su parte, parecía mucho más serena y elegante, pero su mirada tenía un filo helado; cuando se posaba en Isidora, el ambiente se tensaba tanto que casi se podía sentir cómo bajaba la temperatura.

El Hospital de Especialidades Los Álamos tenía fama por la calidad de su personal, y esta vez no fue la excepción: en cuanto Isidora apretó el botón de emergencia, apenas unos segundos después, tres enfermeras ya estaban en la puerta.

—¿Qué sucede, señorita Isidora? ¿Le duele algo, se siente mal?

La enfermera principal se acercó nerviosa, pero al ver la escena en el cuarto se quedó paralizada.

—Este... —retrocedió con cuidado, observando a cada una de las presentes antes de fijarse en Isidora—. ¿Qué ocurre aquí?

Isidora, furiosa, estrelló el vaso contra el suelo:

—¡Estas dos vinieron a armar problemas! ¡Sáquenlas de aquí de una vez! ¿Para eso les pagan mis papás? ¡¿Así cuidan a sus pacientes?!

No entendía por qué, pero cada vez que veía a esas dos mujeres el miedo le recorría la espalda, tan intenso que sentía que estaba a punto de perder el control. Solo quería que se largaran.

Las enfermeras intercambiaron miradas, notando la reacción extraña de Isidora.

—Señora y señorita, la paciente necesita tranquilidad para recuperarse. Si no son familiares cercanas, por favor, retírense.

Habló con voz suave, haciendo un gesto hacia la puerta.

Pero la abuela ni se inmutó, soltó un bufido y se acomodó aún más en el sillón.

—¿Esta es la famosa hija adoptiva de los Rojas? Solo sabe amenazar a la gente.

Julia dejó caer ese comentario con sarcasmo.

Isidora, al oírla, explotó:

—¿Y a ti qué te importa? ¿Quién te crees para venir a decirme nada? ¿De dónde saliste, eh? ¿Quién te mandó?

Los ojos le chisporroteaban de rabia, toda ella era un manojo de nervios a punto de estallar. En cambio, Julia parecía flotar sobre el drama, como si no le afectara lo más mínimo, sonriendo tranquila, etérea.

—Quizá en un rato lo descubras.

En ese momento, una voz alterada resonó desde afuera de la habitación:

—¿Qué está pasando aquí? ¿Por qué tanto alboroto?

—¡Isi! ¿Estás bien? ¿Qué sucede?

Ivana apareció de repente en la puerta, aferrando su bolso con fuerza, mirando preocupada hacia adentro.

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