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El Tío que Robó Mi Corazón romance Capítulo 468

Nadie sabía cuánto tardaría en llegar el equipo de rescate.

Pasar la noche en esa cabaña de madera, sin saber si aguantarían hasta el amanecer, se sentía como tirar una moneda al aire.

En el interior, la cabaña no era tan acogedora como Natalia hubiera querido. El aire seguía frío y las sombras bailaban en las esquinas, haciéndola sentir aún más pequeña.

Sentada en silencio en una esquina, Natalia se preguntaba si de verdad había valido la pena salir de viaje esta vez.

Pero tampoco lo lamentaba tanto.

En el fondo, lo que sentía era esa ansiedad por ser todavía joven, por tener una lista de sueños pendientes que no quería dejar inconclusos. Pensó que si esa noche no lograba salir con vida, le dolería no poder cumplirlos.

Y también sentía nostalgia.

Pensó en sus padres y en su hermano Santiago. Si ella no lograba regresar, solo quedaría él para cuidar a sus papás.

Su abuelo ya estaba grande. Natalia esperaba que, si algo malo sucedía, la abuela no sufriera demasiado.

El negocio familiar ya iba viento en popa; confiaba en que Amanda sabría manejarlo sola si era necesario.

Y luego estaba Lucas.

Si Lucas recibía la noticia de su accidente, tal vez por fin regresaría a su país y aceptaría el matrimonio arreglado por su familia.

...

—Natalia, ¿tienes miedo? —Renzo se sentó junto a ella, hombro con hombro.

Ella dejó escapar una sonrisa amarga.

—Si te digo que no, te estaría mintiendo.

Renzo sonrió apenas, con esa calma suya.

—No te preocupes, vas a estar bien.

Miró su reloj; ya habían pasado dos horas.

—Seguro el equipo de rescate ya viene en camino.

Natalia no pudo evitar preguntar:

—¿Y tú, Renzo? ¿No tienes miedo?

¿Será que por tener veintidós años y estar en la flor de la vida podía ser tan sereno?

Renzo negó con la cabeza.

—No. Porque llevo diez años sintiendo miedo.

Natalia no entendió muy bien esas palabras, pero antes de que pudiera preguntar, sonó un golpe en la puerta.

—¡Abran! ¡Somos el equipo de rescate de la montaña!

El líder del grupo corrió a abrir, la emoción se le notaba en la voz.

—¡Por fin llegaron!

Lucas se abrió paso de inmediato entre los rescatistas. Sus ojos recorrieron el lugar hasta dar con la silueta familiar en la esquina.

Sin pensarlo, corrió hacia Natalia.

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