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El Tío que Robó Mi Corazón romance Capítulo 476

—¿Vas a decirlo o no? Si no, entro a la casa —advirtió Natalia, con una mezcla de impaciencia y nerviosismo.

—Eh, no te vayas —le pidió Lucas, acercándose.

Sin previo aviso, Lucas entrelazó los dedos con los de ella, apretando sus manos y luego metiéndolas juntos en el bolsillo de su chamarra. Su mirada brillaba, repleta de ternura, como si el mundo entero se resumiera en ese instante.

—Renzo salió muy bien de la operación, seguro mañana en la mañana ya despierta. A las once puedes llamarle, seguro se alegra de escuchar de ti. No estaría mal que te preocupes por tu amigo.

Todo lo que Lucas decía era de lo más normal, pero a Natalia le picó un sentimiento raro, como si una punzada de celos se le colara hasta el pecho.

—¿Me extrañaste, bebé? Solo fue un día sin vernos, dime la verdad —susurró Lucas con una sonrisa cómplice.

Natalia se giró, fingiendo molestia.

—Ni te creas. No te extrañé nada.

—¿De plano? ¿Y si me voy una semana? —insistió Lucas, bajando la voz y acercándose más.

El corazón de Natalia dio un brinco.

—¿A dónde te irías? —preguntó, alarmada.

Lucas soltó una risa baja y la miró de reojo.

—Ya ves, dices que no, pero te preocupas. Que no te engañen tus palabras.

—Bebé, ¿cuándo piensas contarle a tu familia lo nuestro? —preguntó Lucas, con un tono travieso que buscaba incomodarla.

Natalia vaciló entre seguir el juego o ponerle un alto. El asunto de “volver” o no aún la tenía hecha un lío.

—No hay nada que contar, Lucas. No hay nada entre nosotros —soltó, cruzándose de brazos.

Lucas bajó la mirada, de pronto se le nubló la sonrisa.

—¿En serio? —murmuró.

A Natalia le tembló la voz. Quiso decir algo, pero justo en ese instante, una voz grave y seca retumbó a sus espaldas.

—Natalia, ¿qué estás haciendo?

Natalia se volteó de golpe, trabándose con la lengua.

—H-hermano… ¿eres tú?

Orlando, el mayor de la familia, los miraba con una expresión tan severa que Lucas sintió como si lo atravesara con la mirada.

—Vámonos. Ya es tarde, hay que descansar —ordenó Orlando, con una autoridad imposible de discutir.

Natalia soltó la mano de Lucas como si quemara.

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