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El Tío que Robó Mi Corazón romance Capítulo 478

—Ya no me pegues, amor, que si sigues así me vas a dejar todo adolorido por dentro —bromeó Lucas, fingiendo rendirse bajo el pequeño puño de Natalia.

Natalia lo sujetó por el cuello de la camisa, mirándolo con enfado y los ojos llenos de lágrimas.

—¡Habla! ¿Me ignoraste a propósito? ¿Querías que me muriera de la preocupación, o qué?

Lucas levantó las manos en señal de rendición, con cara de inocente.

—No es culpa mía, te lo juro. Mi celular se quedó sin batería. Amor, estuve esperando tu mensaje desde las ocho de la mañana hasta el mediodía en el aeropuerto, y ya no tenía carga. Ni siquiera compré boleto, y justo cuando iba a buscar a quién pedirle un cable, tú llegaste.

Se le escapó una sonrisa traviesa y preguntó:

—¿Te preocupaste por mí, amor?

Natalia apartó la mirada, las lágrimas aún colgando de sus mejillas como gotas de cristal.

Lucas no se aguantó más y, con ternura, le besó las lágrimas, secándoselas con delicadeza.

—Ya no llores, ¿sí? Estoy bien, no pasó nada.

Natalia, todavía entre sollozos y un poco avergonzada, murmuró:

—Tú y mi abuelo nada más estaban poniéndome a prueba, ¿verdad?

Lucas soltó una risa leve.

—La verdad, sí. Tu abuelo sí me ayudó, le pedí el favor. Solo quería saber si vendrías a despedirte de mí.

—Es que últimamente has estado muy distante conmigo, y eso me tuvo mal. Quería ver si de verdad piensas en mí.

Se inclinó y la miró a los ojos.

—Natalia, ¿nos casamos?

Lucas sonrió con picardía y medio la amenazó:

—Si no aceptas, no te suelto, y aquí mismo te planto un beso que mañana seremos noticia en todos lados. ¿Qué dices?

—¡Ni te atrevas! —le soltó Natalia, indignada.

Lucas fingió compadecerse.

—Anda, Natalia, ten piedad de mí.

Y diciendo esto, se arrodilló sobre una rodilla, sacó de su bolsillo el anillo que llevaba tiempo guardando, y se lo puso en el dedo anular.

Luego, sin dudarlo, besó esa mano con suavidad y le susurró:

—Natalia, te amo.

Después de todo el miedo que había pasado, verla de nuevo, entera y frente a ella, hizo que Natalia ya no quisiera pelearse más ni con él ni consigo misma.

Sonrió despacio, con lágrimas y alegría.

—Lucas, sí, acepto.

Ya no escuchaba los gritos de emoción ni las felicitaciones a su alrededor. Solo sentía cómo el beso de Lucas la envolvía.

...

Cuando Natalia llegó a casa de la mano de Lucas, los esperaban todos.

Orlando, su hermano, los recibió con una mueca y un bufido.

—Abuelo, señores, señoras. Esto es un pequeño detalle de mi parte —dijo el chofer de Lucas, mientras bajaba diez cajas llenas de regalos para la familia.

Lucas miró a Orlando y lo saludó:

—Orlando…

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