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El Tío que Robó Mi Corazón romance Capítulo 467

Natalia y su grupo vestían chamarras gruesas, cubiertos de pies a cabeza. Apenas pusieron un pie en la montaña nevada, enormes copos comenzaron a caer del cielo, tapizando todo de blanco.

—¿Cómo está el clima hoy? —preguntó alguien, mirando hacia lo alto.

El líder, sereno, respondió sin dudar:

—Tranquilos, el clima está bien, la previsión decía que todo estaría normal.

Al llegar al punto de descanso a mitad del recorrido, Natalia no podía ocultar su emoción. Sacó su celular y tomó fotos sin parar, calculando que al menos se había llevado unas cien imágenes en el trayecto.

Fue entonces que el hermano menor, un chico blanco y algo tímido, se acercó a ella con cierta vergüenza.

—Natalia, ¿podríamos tomarnos una foto juntos?

Natalia le sonrió y asintió con confianza.

—Claro que sí.

Nadie imaginaba que justo después de esa foto, un grito desesperado iba a romper el ambiente.

—¡Avalancha!

Natalia vio a Renzo, aún animado, sacando el celular para grabar la escena.

Sin pensarlo, lo jaló del brazo y corrió.

—¡Deja de grabar, Renzo!

Si se entretenía un segundo más, no lo contaban.

Corrieron como locos hacia la cabaña de seguridad que tenían cerca. El paisaje hermoso de hace un instante se desvaneció bajo una marea de nieve que descendía con furia por la ladera, arrasando con todo.

—¿Y los que iban adelante, lograron salir?

Todos voltearon a ver a los que preguntaban, refiriéndose a la pareja que había gritado primero.

Eran dos, iban muy rápido y justo estaban más cerca de la avalancha.

Los quince que lograron refugiarse se miraron entre sí, tensos.

Dentro de la cabaña, apenas iluminada y con el ambiente pesado, no había ni rastro de aquella pareja.

Algunas chicas jóvenes, incapaces de soportar la presión, rompieron en llanto.

Para Natalia, era la vez que más cerca había sentido la muerte.

No dejaba de pensar: si no hubieran estado tan lejos, si no hubieran corrido a tiempo, quizá ahora estarían enterrados bajo la nieve.

Miró a Renzo con el ceño fruncido, el corazón acelerado.

—Renzo, lo que hiciste estuvo muy arriesgado. Si te quedabas grabando, no hubiéramos alcanzado a entrar.

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