Una hora después, el grupo logró salir de la montaña nevada. El paso, obstruido por la nieve, también había sido despejado con éxito.
Natalia fue la primera en acercarse para informar:
—Adentro puede que aún haya más personas que necesiten ayuda. El capitán se quedó para rescatar a un muchacho que venía con nosotros, y en la montaña también hay una pareja.
Lucas la observó, notando la ansiedad en su rostro, y le brillaron los ojos por un instante.
—Vamos, Natalia. Descansaremos esta noche y mañana regresamos a la ciudad.
La nevada no había parado y manejar por el camino resultaba un verdadero riesgo.
Natalia asintió, sin más opciones que aceptar.
Al momento de registrarse en el hotel, la persona de la recepción se mostró algo incómoda.
—Ya no hay habitaciones disponibles. Señorita, ¿él es su amigo? Si no les molesta, pueden compartir una por esta noche.
Lucas, con aire heroico, respondió:
—No hay problema, yo puedo dormir en el carro.
Pero Natalia lo interrumpió antes de que siguiera con su papel exagerado, notando que él ya no podía ocultar la sonrisa en sus labios.
—Nada de ideas raras. Solo pienso que dormir en el carro te haría enfermarte, y no quiero que te pase nada.
Lucas no se molestó en absoluto; al contrario, sintió un calorcito en el pecho.
Quizá era porque había soportado demasiada indiferencia, que con solo escuchar que alguien se preocupaba por él, no pudo evitar sentirse contento.
—Sí, tienes razón. Solo te doy lástima, no te preocupes, dormiré en el sofá, no voy a intentar nada.
Natalia apretó los labios.
—¿Y acaso antes pensabas hacer algo más?
Lucas optó por quedarse callado.
El rescate no había terminado aún. Después de bañarse, Natalia se quedó mirando la blanca extensión de nieve a través de la ventana, sumida en sus pensamientos.
No podía entender por qué Renzo se había separado del grupo, pero lo único que deseaba era que ese joven pudiera salir con vida.
—¿En qué piensas?
Sintió el aire helado acercarse y la voz de Lucas sonó a sus espaldas.
Ella se giró.
—En que aún no salen de la montaña.
Lucas se secó el cabello mojado con una toalla, tratando de disimular el interés.
—¿Tú y ese chico que se quedó atrás son muy cercanos?
A Natalia no le gustó el tono con el que Lucas se refería a los demás, tan falto de cortesía.
—Tiene nombre, se llama Renzo.
Lucas sintió una punzada en el pecho. ¿Así que lo defendía?

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