Mauro murmuró en voz baja.
Esta vez, lo que había pasado casi le arrancó el alma del cuerpo. Todavía sentía la piel erizándosele de puro susto.
—¡Verónica! —Carolina empujó a Mauro a un lado, aferrándose con fuerza a la mano de su amiga—. ¿Y Verónica? ¿Dónde está?
Mauro intentó tranquilizarla con voz suave.
—No te preocupes, está bien. Tu compañera fue drogada por ese tipo y la encerraron en una bodega. Puede que esté un poco débil, pero la tienen en el hospital. Hasta despertó antes que tú.
Añadió:
—Cuando Verónica llegó a su casa, encontró fotos de Marisol por todas partes. Fue eso lo que hizo que Enzo se volviera loco y se lanzara al riesgo.
—Ya pasó todo. Enzo está detenido, aunque, lamentablemente, sigue con vida.
Si Carolina no hubiera estado ahí ese día, Mauro de verdad habría terminado matando a Enzo.
—Tranquila, va a recibir el castigo que merece por la vía legal.
Mauro bajó la mirada para ocultar el brillo amenazante en sus ojos.
—¿Por qué no pides un mes de permiso y descansas en casa? Te serviría para reponerte.
Carolina sabía que él estaba muy preocupado y asintió con calma.
—Está bien, lo haré.
...
Cuando Verónica se enteró de que Carolina había despertado, llegó hasta su habitación con ayuda de una enfermera. Apenas la vio, la abrazó y rompió en llanto.
—¡Carolina, qué alivio que estás bien! ¡De verdad creí que te perdía!
Carolina la abrazó con ternura, dándole suaves palmadas en la espalda.
—Ya pasó, ya pasó. Lo importante es que seguimos vivas.
Verónica, aún temblando, le confesó:
—Ese día fui a su casa, lo siento Carolina, de verdad. Andaba tan ilusionada que ni pensé. Y cuando entré a un cuarto, vi que estaba lleno de fotos de Marisol, por todos lados. Él me sorprendió, me golpeó y me ató. Me obligó a llamarte, quería que fueras para allá.
A Carolina se le apretó el corazón. Sabía que Verónica había sido arrastrada a todo esto por culpa de ella.
—Jamás iba a llamar, pero después me desmayé y cuando desperté estaba en esa bodega, sin luz, sola... sentí que me moría de miedo.
—Ya, tranquila, Verónica. Perdóname, fui yo quien te metió en esto. Al final, Enzo venía por mí.
Verónica se limpió las lágrimas con el dorso de la mano.

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