Marisol y las demás, cada noche, se juntaban para ver las noticias locales en la televisión del penal.
Ella siempre esperaba, con ansias, que Enzo le diera alguna sorpresa.
Soñaba con ver en el noticiero la noticia de que Enzo, de alguna forma, había hecho que Carolina desapareciera para siempre.
Jamás se le habría ocurrido, cuando era niña y convenció a sus padres de ayudar a ese pequeño, que algún día él vendría a visitarla a la cárcel.
Enzo se había convertido en su última esperanza para vengarse de Carolina.
Ahora, Marisol compartía celda con Estela, y poco a poco se habían hecho compañeras.
Estela, al parecer, intentaba caerle bien. Tal vez porque había escuchado que Marisol ayudaba bastante a Zoe y la cuidaba dentro del penal.
Por eso, durante los últimos días, la vida de Marisol dentro de la cárcel había sido mucho más llevadera, sobre todo si la comparaba con su llegada.
Claro, seguía estando a años luz de su vida anterior.
Cada segundo que pasaba encerrada, el odio que sentía por Carolina crecía un poco más.
Por desgracia, esa noche las noticias no trajeron nada de lo que ella esperaba.
Estela la miró con curiosidad.
—Marisol, siempre te veo tan atenta cuando pasan las noticias.
Marisol forzó una sonrisa.
—Sí… Solo quiero estar al tanto de lo que pasa afuera. Señora, usted ya casi va a salir, pero a mí todavía me falta mucho.
En Estela se notaba una tristeza profunda, una especie de sombra que la seguía a todas partes desde que le avisaron que su hija había muerto. Su cara no había vuelto a mostrar siquiera una mueca de alegría.
Aunque, siendo sinceras, ni siquiera antes se reía mucho.
Ahora que lo había perdido todo, Estela no tenía razones para sonreír.
—Señora, cuando salga… vaya a mi departamento. En la caja fuerte hay algo de efectivo. Puede tomar un poco, por si lo necesita.
Marisol lo hacía con un propósito: quería que Estela también buscara venganza por ella, un doble golpe para Carolina. Por eso, debía mostrarle algo de confianza.
Estela abrió los labios, y después de un largo silencio, respondió con voz apagada.
—Está bien.
Así, Marisol sentía que al menos podía asegurarse de que Carolina, tarde o temprano, pagaría las consecuencias.

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