Mauro agradeció al doctor con cortesía y, rodeando la cintura de Carolina, salieron juntos del hospital.
—Amor, voy a ser papá —murmuró Mauro como si aún no terminara de creerlo.
—Sí —respondió Carolina, acariciándose el vientre con ternura—, vas a ser papá.
Regresaron primero a la casa principal.
Por esas creencias de la abuela, que decían que no era bueno andar contando la noticia hasta después de los tres meses, Mauro sentía que la emoción lo ahogaba.
Pero aun así, no pudo contenerse y lo compartió de inmediato con Benjamín.
—¡Qué bien! ¡Qué alegría! Carito, vengan a vivir de nuevo a la casa, acá hay más ayuda, las empleadas pueden estar al pendiente y mi médico de cabecera está siempre disponible. Si te sientes mal, solo hay que avisar. Pero, claro, si te incomoda, ustedes decidan lo que sea mejor para ti.
La verdad, Carolina y Mauro ya tenían ganas de regresar, pero la última vez, el señor Benjamín había preferido que vivieran su vida de pareja a solas y les dijo que no se preocuparan por él.
Ahora, la oportunidad era perfecta.
—Papá, Mauro y yo queremos volver, así también lo acompañamos y cuidamos. Solo que no nos vaya a correr, ¿eh?
Benjamín no cabía de la felicidad.
—¡Por supuesto que no! ¿Cómo creen que los voy a sacar?
Mauro, mientras tanto, ya tenía varias hojas llenas de nombres.
—Amor, dime qué te parecen estos para niña: Cintia, Dolores, Belén, Alba, Frida… ¿cómo ves?
Carolina frunció un poco el entrecejo.
—Mauro, ¿por qué estás tan seguro de que va a ser niña?
—¿Y si es niño? Todos esos nombres no servirán de nada.
Mauro hizo un gesto distraído.
—Si es niño, le cambiamos unas letras y ya quedan.
Hasta Benjamín no pudo evitar intervenir.
—No le hagas caso, está diciendo puras tonterías.
—No hay prisa con el nombre, ya que se acerque la fecha pensamos bien cuál le va —agregó Benjamín.
Carolina también pensó que no había que apresurarse.
Ese mismo día, Carolina y Mauro se mudaron de nuevo a la casa familiar.
Mientras tanto, Mónica comenzó con los dolores antes de tiempo.
No existe madre que no quiera a su hija.
...
Tres horas después, finalmente, Mónica salió del quirófano.
—Felicidades, todo bien con la mamá y la bebé. Es una niña preciosa, pesó casi tres kilos y está muy sana.
Joel tomó la mano de Mónica y no podía dejar de sonreír.
—Amor, ¡es una niña! Gracias de verdad. ¿Te duele mucho?
Mónica hizo una mueca, entre aliviada y cansada.
—Me dolió horrible.
Joel se inclinó y le besó las lágrimas.
—Nada de hablar de cosas tristes, ¿sí? Todo va a estar bien.
Al amanecer, a las seis y media, Joel publicó en sus redes sociales:
[Desde hoy tengo una nueva debilidad. (Foto de los piecitos de su hija)]

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