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El Tío que Robó Mi Corazón romance Capítulo 390

Mauro recibió de manos del repartidor seis pruebas de embarazo, quien no pudo evitar mostrar su molestia.

—¿Quién en su sano juicio pide entregas aquí, en medio de la montaña? Si no fuera porque me pagó tanto...

—Gracias, si hay buenas noticias te voy a dar una propina —prometió Mauro.

El repartidor, de inmediato, sonrió de oreja a oreja.

—¡Ojalá y te toque tener gemelos, jefe! ¡Que tengas hijo e hija!

A Mauro le cayó bien la bendición, le calentó el corazón.

—Gracias, ojalá tu palabra se cumpla.

Frente al baño de mujeres, Mauro nunca había sentido cómo los segundos se arrastraban tan lento.

—¿Amor, ya terminaste?

—¡No estés molestando, Mauro! ¡Por tu culpa ya ni puedo hacer pipí!

—Bueno, tranquila, tómate tu tiempo. Si quieres, te silbo una canción para que te relajes.

—¡Cállate!

Varias empleadas que pasaban y querían usar el baño se toparon con Mauro parado afuera como si cuidara la puerta, y no supieron qué hacer.

Mauro les sonrió con amabilidad, incluso les hizo señas para que pasaran.

Por dentro, las empleadas pensaban: [Hoy seguro acabo con estreñimiento.]

Cuando Carolina vio que las seis pruebas de embarazo mostraban dos rayas, los ojos se le llenaron de lágrimas. Les tomó foto y se la mandó a Mauro.

[Mauro, mira.]

Él miró los resultados una y otra vez, desconcertado.

—Amor, ¿dos rayitas qué significa? ¿Que sí o que no?

Carolina salió arreglándose la ropa.

—¡Eres un despistado! Dos rayas es que sí, que estoy embarazada.

Mauro abrazó a su mujer con tanta emoción que casi la levantó, pero se contuvo, recordando lo valioso que era ese vientre ahora: ahí estaba su futura hija o hijo.

Abrazados, regresaron al campamento, sintiendo que todas las miradas se posaban en ellos.

Mauro estaba tan feliz que no pudo ocultarlo.

—Perdón, muchachos, pásenla bien. Yo me regreso a la ciudad.

—Mauro, ¿ya te cayó el veinte? Vas a ser papá. ¿No estás feliz?

—Feliz es poco —le contestó él, y en sus ojos brillaba una mezcla de euforia y nervios—. Amor, me tiembla la mano, tócame.

Carolina soltó una carcajada.

—Qué bárbaro.

Bajaron de la montaña y fueron directo al hospital. El proceso del análisis de sangre se hizo interminable, pero al final, el doctor les dio la noticia.

—Felicidades, el bebé tiene apenas cinco semanas. Los primeros tres meses no deben tener relaciones, y tampoco los últimos tres. En la etapa intermedia, si lo hacen, háganlo con cuidado.

—¿En estos últimos dos meses tomaste alcohol o medicamentos? —preguntó el médico.

Carolina negó.

—Nada de eso. Como queríamos embarazarnos, me cuidé mucho.

—Muy bien, entonces cuida tu peso, come balanceado, evita hacer ejercicio intenso, mejor sal a caminar. Si notas sangrado o dolor de panza, ven de inmediato. No faltes a tus revisiones.

Mauro, inquieto, aprovechó para hacer varias preguntas más, hasta que el doctor casi perdió la paciencia.

—No se pongan nerviosos. Es normal estar así la primera vez. Relájense, el estado de ánimo cuenta mucho, y sobre todo, el del papá puede influir en el de la mamá.

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