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El Tío que Robó Mi Corazón romance Capítulo 383

Petra no podía aceptar que, apenas después de regresar al país, su hijo ya estuviera pensando en irse al extranjero otra vez.

Primero había perdido a su nuera, y ahora sentía que también iba a perder a su hijo.

En su mente, todo era culpa de Mauro y Carolina.

—Mauro, ¿de verdad tienes que orillar a tu sobrino a que se vaya tan lejos? —le reclamó, sin poder contenerse.

Mauro frunció el entrecejo.

—No entiendo a qué te refieres con eso.

—¿Cómo que no entiendes? Por estar defendiendo a Carolina, otra vez vas a hacer que tu sobrino se vaya. Si la gente se entera, ¿crees que está bien?

—Mamá...

Alexis la interrumpió, alzando la voz.

—¡Soy yo quien quiere irme al extranjero!

Pero Petra, terca, no le creyó.

—¿Por qué? Alexis, ¿por qué tienes que irte? Seguro que es porque tu tío te está presionando, ¿verdad?

—¡No es eso! ¡No tiene nada que ver con mi tío! No quiero quedarme aquí sin hacer nada, quiero salir a prepararme afuera.

—No hay más que decir sobre este tema. Decidí irme y nadie tiene la culpa. Tío, gracias por darme la oportunidad. Mamá, por favor, ya no armes escándalos.

La cara de Petra reflejaba una mezcla de dolor y resignación.

Su hijo volvería a irse, sin haber formado una familia, sin esposa, y sin saber cuándo regresaría.

Y el sueño de tener un nieto, de que Moni le diera esa alegría, parecía cada vez más lejano.

Mauro, cansado de perder el tiempo discutiendo con una mujer empeñada en buscar culpables, sentía que su paciencia con su cuñada estaba a punto de agotarse.

Si le seguía buscando pleito, no dudaba en dejarla hablando sola.

...

Todo quedó en calma, pero Petra se sumió en la tristeza y empezó a lamentarse cada día en los oídos de Tadeo.

Él terminó hartándose.

—Si cuando vuelva a la casa sigues con tus quejas, mejor nos divorciamos —le soltó, cansado.

Tadeo había decidido que todos los problemas de la hija adoptiva que resultó ser un fiasco, eran culpa de Petra.

Que Marisol se hubiera vuelto una desagradecida, seguro tenía que ver con la manera en que su esposa la había criado.

Petra explotó.

—¿Ahora resulta que no te haces cargo de nada y todo es mi culpa? Cuando la trajimos fue porque tú insististe, que si éramos como hermanos de la familia Jiménez, que la criáramos como una hija más. ¿Cómo iba yo a saber que la niña que adoptamos saldría tan malagradecida?

—Si ya no quieres seguir conmigo, perfecto. Yo tampoco quiero seguir. Y no creas que no sé que tienes otra mujer allá afuera.

Carolina no pudo evitar sonreír. Se lo tenían bien merecido.

Si seguían así, iban a terminar de enfermar al viejo.

Pero, a pesar de las bromas, el ánimo de Benjamín mejoró a vista de todos.

...

Después de cenar, Mauro le dio una palmada a su esposa.

—¿Viste cómo logré animar a mi papá?

—¿Estás segura que no lo estabas molestando? —le replicó Carolina.

—¡Claro que no! Mira que a mi papá no le hago enojar porque todavía quiero que, cuando nazca el bebé, él lo cuide por mí.

Vaya, Mauro sí que estaba dispuesto a buscarle ocupación al abuelo.

...

De regreso a casa, luego de tantas cosas seguidas, a Carolina se le ocurrió aprovechar el fin de semana para un viaje.

—¿Nos vamos de paseo? ¿A dónde te gustaría? ¿Otra vez a la playa?

Carolina negó con la cabeza.

—A la playa ya fuimos dos veces, ya hasta me aburrió. Mejor vayamos a un lugar con más ambiente y más gente, seguro nos divertimos más.

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