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El Tío que Robó Mi Corazón romance Capítulo 382

—Todavía ni te dije nada, ¿y eso de que todos los hombres solo buscan lo nuevo y se aburren de lo viejo? ¿Según tú, cuál es la novedad que me tiene distraído, y qué es lo que ya no me interesa?

—Y además, ¿cómo que una vez que uno consigue lo que quiere ya empieza la cuenta regresiva? ¿Cuándo te he dejado de lado? ¡A ver, dime!

Carolina soltó una risa que no pudo contener.

—¿Tan alterado solo por eso? —le preguntó divertida.

—¿Y qué esperabas? —Mauro arqueó una ceja, sin ocultar la molestia.

Carolina pensaba que él estaba molesto porque había notado sus pequeños trucos, porque tal vez ya sospechaba que ella no era tan noble ni tan inocente como él imaginaba.

La verdad, Carolina nunca había sido una persona completamente bondadosa.

Desde el momento en que eligió quedarse con el tío de Alexis, dejó claro que no era así.

Ella tomó a Mauro de la camisa y lo acercó hacia sí. Sus manos suaves rozaron los labios un poco resecos de él, acariciándolos con delicadeza.

—Lo que dije era por esos hombres que se portan mal. Pero tú no eres así.

Mauro bajó la mirada y la sostuvo en los ojos de ella, con una atención que casi la hacía temblar.

—¿Entonces qué soy yo? Señora Loza, ¿cómo describiría usted a su esposo?

Carolina se puso de puntitas, le dio un beso rápido y travieso.

—Mi esposo... es el mejor del mundo…

Parpadeó, haciéndose la inocente.

—Un gran perrito.

Mauro se quedó callado, sin saber si reírse o molestarse.

—¿Por qué me insultas? —alcanzó a decir, fingiendo indignación.

Carolina le sujetó el rostro con ambas manos y le plantó un beso más.

—¿Y esa descripción te gusta?

—Si te gustó, entonces ladra —bromeó ella.

...

—Guau —dijo él, resignado, aunque se le escapó una sonrisa.

...

—Señorita Marisol, su ánimo no estuvo estable y por eso no pudo conservar el embarazo. Por suerte usted es joven y, si se cuida, podrá intentarlo de nuevo en el futuro.

Marisol permanecía acostada, con la mirada perdida en el techo, mientras las lágrimas le corrían sin control.

Benjamín le dio unas palmadas en el hombro.

—Alexis, todavía no entiendes bien a tu tío.

—Él es muy estricto con las reglas, pero antes de que cometieras esos errores con Carolina, ¿alguna vez te puso en contra de ella?

—Así que si ahora quieres ir al extranjero y aprender de los negocios internacionales, tu tío no te va a cerrar la puerta.

Alexis apretó los labios, con el semblante sombrío.

—Entiendo, abuelo.

Tal como el abuelo había dicho, Alexis se presentó algo incómodo en la oficina de Mauro. Mauro ni siquiera pestañeó, solo soltó unas palabras secas.

—Está bien.

—Gracias, tío. Sé que antes me equivoqué, pero no volveré a cometer esos errores.

—Bien. Si no tienes nada más, ve a preparar tus cosas.

Mauro lo vio marcharse y, apenas se cerró la puerta, se le dibujó una sonrisa en el rostro.

Por fin se iba.

Cada vez que Alexis regresaba, solo causaba problemas. Mejor que se mantuviera lejos del país, así las cosas estarían más tranquilas.

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