—Quiero ir a un lugar donde se sienta la vida de verdad, donde haya ambiente, ¿sabes? —comentó Carolina al azar, mientras hojeaba el celular.
A Mauro le dio vueltas la frase todo el día. Se rompía la cabeza pensando en cómo complacerla.
Justo al día siguiente, cuando llegó a la oficina, Kevin se le acercó con otra invitación.
—Oye, Mauro, ¿te vas a animar al campamento que está organizando la empresa este año? Ando viendo quién se apunta.
Mauro, curioso, preguntó:
—¿Y sí está chido eso de acampar?
Kevin ni lo pensó mucho:
—Pues sí, está bueno. Buscamos un parque para acampar, llevamos tiendas de campaña. Hay tiendas dobles, individuales… y ya en la mañana puedes ver el amanecer, en la noche se arma la fogata, hay parrillada y todo el rollo.
—Cuando te juntas con los del trabajo, el ambiente se pone divertido, sobre todo si hay varios jóvenes.
Apenas terminó de hablar, Kevin se dio cuenta de lo que había dicho. ¿Acaso estaba diciendo que el jefe ya no era tan joven? Ya ni cómo componerla.
Ambos hablaron a la vez.
—Va, apúntame a mí y a mi esposa —dijo Mauro.
—Sr. Loza, yo... ya no me siento tan joven —intentó Kevin, medio apenado.
Mauro arqueó una ceja, con una sonrisa que no prometía nada bueno.
—Kevin, el mes que viene vamos a tener una salida de trabajo importante... Te va a tocar ir a Sonora. Pero tranquilo, después del campamento, ¿eh?
—Ah, y no creas que es venganza ni nada, Sonora está chido, puedes aprovechar para turistear. ¿A poco no?
Kevin casi lloraba.
—Sr. Loza…
¡Por andar de bocón!
...
Esa noche, Mauro llegó a casa y le platicó a Carolina del campamento.
Carolina frunció el ceño, pensativa.
—Pero Mauro, en mi trabajo sólo mi jefe y Sr. Ulises saben que tú y yo andamos. Y en tu empresa…
—No sé si sea tan buena idea.
Mauro la miró serio, mordiéndose el labio.
—¿Todavía no podemos hacer pública nuestra relación?
Carolina se rio, abrazándose de su brazo y balanceándose con ternura.
—Un poquito más, ¿sí? Cuando ya esté embarazada, ahí sí lo decimos.
—¡Sí! ¡Todos! Acaban de pasar la lista de habitaciones. Hay pocas tiendas dobles, así que ya nos organizamos. Pero te va a tocar quedarte sola en una tienda grande.
Carolina se quedó pensativa. Seguro eso también era idea de Mauro.
—¿Y cuál es el problema con la tienda grande? Está mejor, ¿no?
Verónica la miró de lado, como dudando:
—Pero Carito, vamos a estar en la cima de un cerro, ¿no te da cosa quedarte sola en una tienda de campaña por la noche?
Carolina apretó los labios.
—No creo que me asuste.
Llegó el viernes y partieron al campamento. Carolina iba con el grupo de abogados.
Pero, para variar, Sr. Ulises tenía otros planes.
—Carolina, ¿te acuerdas que tú llevaste el caso de la fusión con el Grupo Loza? Resulta que nos faltó un asiento en las camionetas y en el Grupo Loza tienen lugares de sobra. ¿Por qué no mejor te vas con ellos?
Carolina solo pudo sonreír con resignación.
—Está bien.
Por dentro, pensaba: “Mauro, ¿cuánto le diste a Sr. Ulises para que te ayudara con esto?”
...

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