Carolina cruzó los brazos y se acurrucó en el pecho de Mauro.
Mauro soltó un comentario sarcástico.
—¿No me digan que todavía quieren al bebé que lleva ella en el vientre?
Benjamín, al escucharlo, se quitó la mascarilla de oxígeno y señaló a Alexis con el dedo.
—¡Yo no lo reconozco! Si alguno de ustedes quiere hacerlo, adelante, pero a mí no me vengan con que cualquier hijo fuera de lugar entra a la familia Loza.
Alexis tenía el rostro sombrío.
—Voy a subir a ver cómo está.
Benjamín agitó la mano, molesto.
—Tadeo, ustedes ya váyanse a casa, Mauro se puede quedar aquí. Carito, deberías irte a descansar también. Anoche no dormiste nada en el hospital.
Benjamín solo encontraba un poco de paz cuando tenía cerca a su hijo menor.
Que no tuvieran hijos no le preocupaba, pero no podía aceptar que le trajeran un hijo ilegítimo y encima quisieran que la familia Loza lo criara.
Para Benjamín, esto era una cachetada demasiado dura.
Siempre había sido muy orgulloso, no soportaba que la gente hablara de los asuntos internos de los Loza. Y ahora, después de todo esto, ni quería imaginarse lo que se iba a decir en la calle.
Mauro le lanzó una mirada significativa a su hermano mayor. Tadeo suspiró.
—Bueno, papá, entonces descansa. Mauro, si pasa algo, házmelo saber de inmediato.
Se volvió hacia Carolina con gentileza.
—Carolina, tú también has pasado por mucho. ¿Por qué no te vas conmigo a casa?
Carolina negó suavemente con la cabeza.
—Gracias, hermano, pero prefiero quedarme un rato más en el hospital.
Cuando su hermano mayor se fue, Mauro intentó tranquilizar a su padre.
—Ya cálmese, viejo. De todos modos, enojarse no cambia nada, lo hecho, hecho está. Aunque tu nieto resultó ser un fiasco y puede que en el futuro te traiga más sorpresas desagradables, puedes estar seguro de que tu hijo no lo hará.
Mauro le guiñó el ojo a Carolina.
—¿Verdad, mi amor?
—No vas a ponerme los cuernos, ¿o sí?
—Me botaron del país, sola y sin apoyo en el extranjero, y tú apenas te preocupaste por mí. Solo cometí el error que cualquier mujer podría cometer. No pensé que iba a quedar embarazada...
—Cuando supe del embarazo, me asusté mucho, no sabía cómo enfrentar esto. Pero tú fuiste haciéndote cada vez más distante, y yo solo quería que con el bebé me volvieras a querer.
—En más de una ocasión deseé perder este embarazo, pero no pasó. Te juro que solo te fui infiel esa vez, el resto tú lo sabes, ¿no es así?
Alexis soltó una carcajada cargada de desprecio.
—¿Ahora resulta que la culpa es mía?
—Cuando mis padres te criaron, ¿te pasó por la cabeza lo que sentirían si supieran lo que hiciste?
—¿Así les pagas, gastando el dinero de mi familia mientras estabas en el extranjero y poniéndome en esta situación?
—Este matrimonio fue porque tú lo pediste, yo ya me había arrepentido y no quería casarme, pero insististe, ¿no? Y ahora sales con que tienes justificación para engañarme.
Alexis miraba desde arriba a Marisol, quien lloraba desconsolada en la cama. La que una vez fue la mujer que más cuidó, ahora solo le provocaba rechazo.
—Interrumpe el embarazo. Yo no voy a reconocer a ese bebé. No solo yo, la familia Loza tampoco lo hará.
—Mañana mismo mi abogado te traerá los papeles del divorcio. Nos vamos a divorciar.

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